domingo, 2 de septiembre de 2012

Queridos blogueros/as: Ha pasado el verano y toca retomar la cosa del blog y si os parece bien, vamos con el capítulo 7 de la Enfermera Rural y a ver que pasa.
Me acabo de dar cuenta que ya se ha pasado el verano ¡¡¡se ha pasado el verano!!!! parece mentira, pero es verdad y todo esto  me viene muy bien para una nueva novela que andaba escribiendo que se llama " En lo mejor de lo peor"  y que como su nombre indica va de un matrimonio mayor que va contando sus experiencias y digo que andaba porque he tenido que llamar a mi asesor informático (mi hijo Tito) para que me enseñase, por enésima vez, como funciona esto del ordenador porque en verano, supongo que ha todo el mundo le pasa lo mismo, he tenido tanto tiempo que no he abierto el ordenador ni una sola vez y para los forofos os diré que lo he pasado tan ricamente, hasta he engordado y todo, o sea que se puede vivir si él.
Bueno, menos rollos caperucita que todos estamos ansiosos con el capítulo que viene y yo mas porque tengo que descubrir donde está. En fin, manos a la obra y espero que a vosotros no os pase lo que a mi y sigáis mandándome vuestras opiniones.
Un abrazo para todos
Tino Belas


CAPITULO 7.-

¡Que maravilla el primer día  de Hospital!  Uniformes nuevos, blanco inmaculados, recién almidonados, con su galón azul en la manga derecha como demostración de pertenecer al primer curso de enfermería, gorros perfectamente ajustados a las cabezas de las nuevas estudiantes, el fonendoscopio al cuello para parecer todavía mas profesionales y toda la mañana de aquí para allá tomando tensiones, poniendo termómetros, recogiendo muestras de orina, haciendo camas y todo con una sonrisa de oreja a oreja. Parecía como si la botella llena de orina del 301 fuera un trofeo obtenido después de un trabajo feroz, o el mover a las señora del 304 operada de cadera hacía solo 48 horas fuera una auténtica heroicidad o la hoja donde se apuntaban las tensiones fueran producto de años de trabajo y todo realizado con una alegría que se notaba por todo el Hospital y penetraba por todas partes.
Las niñas de primero parecían multiplicarse con el trabajo e incluso sacaban horas de debajo de las piedras para dedicarlas a los pacientes mas necesitados o aquellos que por diferentes razones estaban solos. Los enfermos terminales eran los que mas les atraían y a Sofía por supuesto que también. Distribuían, casi a la vez, medicamentos y compañía.

Durante los primeros meses eran como ángeles para la mayoría de los pacientes y ellas disfrutando. Todavía permanecía en ellas el espíritu de sacrificio y de ayuda hacia los demás que con el paso de los años se iría diluyendo con la monotonía del trabajo diario, el nulo agradecimiento de algunos pacientes hacia el esfuerzo desarrollado y la ilusión que se va perdiendo sin que casi te dieras cuenta.

Sofía todavía recordaba como temblaba el día que puso su primera inyección y eso que siguiendo las recomendaciones de su tutora, Sor Pilar, no lo intentó con un enfermo si no con su primo Juanito que ofreció su culo en beneficio de la ciencia y se dejó pinchar por tres alumnas, eso si, a cambio de unas copas en una conocida discoteca madrileña donde trató de ligar con una de ellas sin obtener el resultado apetecido.
Las tres le agradecieron el gesto y ya con más confianza pinchaban a las operadas de cadera que, habitualmente por su edad, se quejaban poco, claro que también tenían poca “chicha”  pero la obligación era la obligación y con alguien tenían que aprender.

Sofía comenzó sus practicas en Anatomía Patológica donde se pasaba el día haciendo fichas y pasando al ordenador los informes de los especialistas. Un rollo según confesaba a todos sus amigos. La segunda rotación ya fue más entretenida y como mas ilusionarte, era en  Cirugía Vascular y estaba unos días en la consulta y otros en quirófano con lo que seguía la evolución de los pacientes. Allí sufrió los malos humores de un Cirujano que por su prestigio se creía con derecho a despreciar a todos sus colaboradores lo que para Sofía fue una experiencia negativa. Pensaba, y estaba claro que no era así, que todos los Cirujanos serían como su padre, dedicados en cuerpo y alma al paciente y haciendo suyas las inquietudes, los miedos y todo aquello que rodea a la enfermedad. Sin embargo, en el caso de este eminente Cirujano no era exactamente así. Sus minutas eran elevadas y su paciencia escasa, pero los resultados eran excelentes por lo que la gente pagaba y aguantaba. Una Medicina completamente diferente a la que veía en su casa, pero de todo tenía que haber en la viña del Señor.

En las siguientes rotaciones Sofía y sus compañeras ya iban de expertas.  Iban conociendo a todos los Médicos y la Clínica la manejaban como si estuvieran allí de toda la vida. Si tenían algún problema llamaban a las Enfermeras mayores, pero casi siempre los resolvían ellas solas sin ayuda de nadie.

Según iban pasando los días, los meses y los años, la ilusión se iba transformando en monotonía que en muy pocas ocasiones se veía alterada por algún enfermo diferente, como le pasó a Sofía con David, un estudiante de sexto de Medicina que se había roto el fémur en un accidente de moto y estuvo casi seis meses ingresado en la 309. No era un chico especialmente guapo, pero tenía una manera de ser que cautivó a Sofía desde el primer día cuando entró para tomarle la temperatura.
-  Tú eres alumna ¿verdad?
-  Si, ¿se me nota mucho? - contestó Sofía roja como un tomate
-  No, no es por eso - David la miró con cara de no haber roto un plato en su vida - es por los galones de la manga y sobre todo porque llevo aquí dos meses y ayer me contó la enfermera de noche que empezábais hoy.
-  Menos mal porque si el primer día que vengo todo el mundo lo nota ¡vaya corte!
-  ¡Que va! es mucho mejor que vengáis vosotras que no esas viejas glorias que hay por ahí
-  ¿No son buenas enfermeras?
-  Hombre, hay de todo como en botica pero, en general, están muy quemadas porque dicen que son muy pocas y que solo libran un día a la semana y no se que y no se cuantos
-  Ya, bueno - Sofía miraba las pesas que a través de un sistema de poleas mantenían la pierna de David en una determinada posición - no quiero criticar a las que me tienen que enseñar.
-  No, si no es criticarlas, es la verdad
-  ¿Y porqué tienes la pierna tan en alto?
-  Bueno, tuve un accidente de moto hace dos meses, me rompí el fémur por cuatro sitios y como no me pueden operar, tengo que estar con esta tracción hasta que se vaya pegando la fractura.
-  ¿Y así llevas dos meses?
-  Si
-  ¿De verdad?
-  Te lo juro - David no sabía si le estaba tomando el pelo - al principio se me hizo un poco duro pero ahora la verdad es que ya me he acostumbrado
-  ¿Y cuanto tiempo tienes que estar así?
-  No lo se - David bebió un poco de agua a través de una paja que salía de un vaso que tenía sobre la mesilla de noche hasta que se pegue la fractura supongo
-  ¡Que faena!
-  Claro que es una faena pero no puedo hacer nada.
-  Eso si
-  Y lo peor es que este año terminaba la carrera y tenía ya hasta trabajo
-  ¿Que estudias?
-  Medicina, estoy en sexto, pero tiene toda la pinta que este año no termino ni de coña.
-  Hombre, aunque no sea el momento mas oportuno para decirlo, pero desgraciadamente para ti, ahora si que tienes todo el tiempo del mundo para estudiar
-  Si, pero justo en sexto estamos mucho tiempo en el Hospital y prácticamente nada en la Facultad.
-  Perdona, pero tengo que seguir tomando las temperaturas. -  Luego te veo ¿vale?
-  Muy bien. Por cierto ¿como te llamas?
-  Sofía ¿y tú?
-  David
-  Muy bien, hasta luego. - Sofía salió, cerró la puerta, apuntó la temperatura en el papel que llevaba en el bolsillo superior del uniforme y continuó su trabajo por las siguientes habitaciones. Cuando volvió al control de enfermería en el centro de la planta, las dos enfermeras que estaban en ese turno le preguntaban donde se había metido.
-  He estado un rato charlando con el 309
-  ¿Con David?
-  Si
-  Es muy simpático y encima siempre está solo con lo que tiene unas ganas de pegar la hebra que no veas
-  ¿No tiene familia?
-  Si, lo que pasa es que vienen muy poco a verle
-  Que aburrimiento porque el pobre no se puede mover ¿no?
-  No claro, para eso tiene la tracción
-  ¿Las pesas?
-  Si, con eso lo que se pretende es como tirar de la pierna para que el hueso se ponga en su sitio
-  ¿Y le duele?
-  Si no se mueve no, si se mueve claro porque tiene una fractura.
-  Pobre hombre.

Una de las dos enfermeras la miraba como intrigada
-  Ten cuidado con ese chico porque tiene algo, no se decirte el qué, pero resulta muy atractivo.
-  No te preocupes que yo tengo novio.
-  Ya, pero yo te aviso.
-  Gracias, pero no hay problema. Seguro que hablaré con él mas que con otros, pero no por nada especial, solo porque está solo y da bastante pena
-  Ya - la enfermera hizo gala de su experiencia - me parece muy bien, pero luego no me digas que no te he avisado.

Pasaron semanas hasta que Sofía pudo volver a la planta y coincidir con David que seguía prácticamente en la misma posición. Cuando llamó a la puerta se dio cuenta que durante todo ese tiempo había pensado muchas veces en él y cuando entró se quedó como petrificada: era mucho más guapo de lo que creía. David también la miró con admiración y entre ambos pasó una especie de corriente eléctrica que la notaron perfectamente.
-  ¿Que tal? ¡cuanto tiempo sin verte!
-  Es verdad, hace tres semanas- Sofía estaba tan colorada como el día que Javier, su novio de toda la vida, le propuso formalizar su relación.
-  ¡Que buena memoria!
-  No te creas, lo que pasa es que he estado rotando por Oncología y han sido tres semanas, por eso me acuerdo
-  No te lo creerás pero he estado contando los días y han sido veintiuno.
-  ¿Los has contado de verdad?
-  Si ¿te parece raro?
-  Hombre, un poco
-  A mi no - David la miró a los ojos - creo que en todo el tiempo que llevo has sido la única persona que se ha interesado por mí como persona, no como enfermo y eso es muy de agradecer
-  ¡Que exagerado!
-  No, de verdad que ha sido así - David intentó moverse en la cama y su cara se transformó reflejando un dolor intenso. -  Joder, todavía me duele la puñetera pierna.
-  Tranquilo, levanta un poco la espalda que te estiro la sábana - Sofía se acercó y con suavidad colocó la sábana en su sitio acercándose a David y apreciando el olor de su cuerpo. Se notaba que los celadores habían pasado antes que ella porque desprendía un olor a colonia “Nenuco” que le recordaba a su rotación por Pediatría - Hueles igual que los bebés ¿lo sabías?
-  Eso si que nunca me lo han dicho - se rió dejando ver una dentadura perfecta
-  Pues es verdad - Sofía tenía que continuar la ronda - Lo siento pero tengo que dejarte
-  ¿No te puedes quedar un poco mas?
-  Ahora no. luego cuando acabe vengo ¿de acuerdo?
-  No tardes mucho
-  Venga, no te pongas mimoso que ya eres muy mayor
-  Tengo veintidós ¿y tú?
-  Uno menos que tu
-  O sea que somos casi de la misma edad
-  Casi - Sofía se guardó el termómetro en el bolsillo superior del uniforme -  Bueno hasta luego
-  Hasta luego.

David apagó la luz de la habitación e intentó dormir. Era miércoles y sabía que estaría todo el día solo. Su madre tenía trabajo por la mañana y ginecólogo por la tarde y su hermana estaba en Barcelona por motivos laborales. Su padre no venía nunca y casi era mejor porque cada vez que se encontraba con su madre no hacían más que discutir. Se había separado hace ya casi tres años pero, ni con la enfermedad de un hijo eran capaces de llevarse bien. David intentaba mediar, pero imposible y así hasta el día en que, a pesar de las lágrimas de su madre, les pidió por favor que le visitaran en días distintos para no coincidir y así lo hacían aunque su madre acudía siempre que le tocaba y su padre fallaba cada dos por tres y siempre tenía alguna excusa.

Este horario pactado le permitía a David permanecer muchas horas solo y tenía tiempo para pensar. Si, si, para pensar, algo que nunca había hecho hasta entonces, o si lo había hecho no tenía conciencia de ello, y así hacía planes y más planes, planteándose diferentes alternativas y al final siempre se veía integrado en Médicos sin Fronteras ejerciendo su labor en cualquier país africano. Solo le quedaban tres asignaturas para acabar la carrera y luego un curso de tres meses de Medicina Tropical y ya estaría en condiciones de cumplir su sueño. Hacía casi dos años que colaboraba con una ONG y ya había estado en Angola y Guinea en cuatro ocasiones y si que es verdad que hacía las veces de Médico, pero sin serlo y no le gustaba. Quería ser el Dr. Vázquez con todas sus  consecuencias y estaba a punto de conseguirlo.

La fractura de fémur era como un paso atrás en su lento caminar hacia Médicos sin Fronteras, pero no un impedimento. Bueno, si no voy en Junio, ya iré en Septiembre - pensaba con optimismo
Una llamada suave en la puerta permitió la entrada de su Traumatólogo, un hombre de media edad, perfectamente vestido y mejor peinado que con una alegría diferente a la de otras visitas, se sentó a los pies de la cama y le anunció la gran noticia:
-  Acabo de ver tu radiografía de control y estás muy bien, de tal manera que te vamos a quitar la tracción, cuatro días en la cama sin moverte para nada, nueva radiografía el viernes y si está bien, escayola y para casa que me imagino que estarás deseando

La cara de David reflejaba la emoción que sentía. Tantos días y tantas noches esperando este momento y por fin había llegado. Tanto dolor en cuanto se movía lo mas mínimo, había merecido la pena. Por fin se podría levantar.
-  Y después ¿cuando empiezo la Rehabilitación?
-  Ya veremos - El doctor Arbidazu anotó algo en la gráfica que le ofrecía su enfermera - desgraciadamente en este tipo de fracturas el correr no lleva a ninguna parte. Todo a su debido tiempo, primero una escayola y comenzar a apoyar con un tacón, después quitaremos la escayola y tendrás que hacer Rehabilitación y posiblemente necesites mas tiempo de férula pero ya con una de esas de ortopedia que te la puedes quitar para ducharte.
-  Más o menos en un mes ¿estaré apoyando?
-  Se verá - El Doctor sonreía ante tanta impaciencia - a pesar de mis apellidos te diré que soy medio gallego, por no decir gallego entero y por eso no te contesto lo que tu quieres oír. Hay que esperar y ver la evolución.
-  Bueno, pero voy bien que es lo importante - David se pasó la mano por la cabeza peinándose el pelo con los dedos de la mano en un gesto que repetía frecuentemente.
-  Hombre, yo creo que ha merecido la pena todo lo que has pasado porque la operación era muy arriesgada y no hubiera sido nada extraño que tuvieras problemas para toda la vida. Han sido tres meses, pero ya verás cuando dentro de un año estés corriendo por ahí, no te acordarás para nada de la fractura.
-  Dios le oiga. - David ya se veía en casa, con sus cosas, su ordenador, sus libros, con una buena comida y no la del Hospital que no era especialmente mala, pero que de tanto repetir le había tomado un poco de asco y sobre todo en su sillón que era lo que más echaba de menos. Menos mal que no había cometido el error de irse de casa el año anterior como lo tenía pensado porque si no ahora tendría que volver con la cabeza agachada y el rabo entre las piernas, como se dice vulgarmente, pero los mimbres para el cesto de abandonar el hogar materno estaban ahí aunque habían cambiado notablemente. Su padre ya no vivía allí y por lo tanto los gritos y las discusiones seguro que brillarían por su ausencia o por lo menos eso esperaba y el cariño que su madre le mostraba cada vez que aparecía por el Hospital ahora se lo podría demostrar constantemente - solo una cosa, Doctor, cuando tengo que volver.
-  Tranquilo que todavía no te has ido - el Doctor se levantó - no te preocupes que te daremos todo por escrito, pero el viernes no ahora.
-  Gracias por todo
-  De nada, David. Hasta mañana.

En el mismo instante que la puerta se cerró, David comenzó a llorar. No sabía si de emoción, de alegría al saber que ya casi se podía asegurar que la fractura iba a consolidar sin cirugías, o porque por fin iba a poder levantarse de aquella cama que había sido su compañera inseparable durante casi tres meses. El caso es que lloraba como un niño cuando llamaron nuevamente a la puerta y Sofía apareció con su radiante sonrisa

-  Me acabo de encontrar al Doctor Arbidazu y me ha dicho que vas fenómeno, o sea que anímate y deja de llorar que parece que se te ha muerto alguien.
-  Ya se que no es lo que parece, pero lloro de alegría.
-  Solo faltaba que ahora que te dicen que te curas lloraras de pena ¡sería el colmo!
-  Que va, estoy feliz. El viernes si todo va bien me voy para casa.
-  Enhorabuena. Solo tengo una pena - David trató de adivinar, a través de aquellos ojos negros cuales eran los pensamientos de aquella enfermerilla de la que se había enamorado desde el primer día que entró en la habitación a ponerle el termómetro - ¿quieres saber porqué?

Sofía no sabía muy bien lo que tenía que hacer. Ya era suficientemente madura para darse cuenta que David estaba loco por ella, sin embargo, realmente no se conocían casi de nada y para ella era mas importante la personalidad que el atractivo físico. Por otro lado, estaba Javier, su novio con el que todavía seguía aunque ya no iba todos los fines de semana a Soria, como al principio. Estaba segura que en cuanto conviviera unos días lo dejaría porque había algo que no terminaba de gustarle y posiblemente en ese algo interviniera David porque desde el primer día tenía que reconocer que estaba mas a gusto con él y eso que, naturalmente no salían de la habitación, pero ella se inventaba mil y una excusas para doblar el fin de semana o buscarse una guardia con alguna paciente mayor que solicitaba los servicios de alguien que le hiciera compañía o decía  que tenía un examen el lunes y se tenía que quedar para prepararlo, el caso era no pasar el fin de semana en Soria.

Sofía madre, que como todas las madres, de tonta no tenía un pelo, no dejaba de preguntar a Sofía hija si tenía algo en Madrid a lo que ella contestaba que todavía no, con lo cual generaba todavía mas desconfianza.

-  No hace falta que lo digas porque ya lo se.

David se atrevió, por primera vez desde que estaba ingresado a cogerle la mano.
-  Tengo miedo a no volverte a ver
-  Eso es una tontería, tendrás que venir a revisiones, posiblemente hasta vengas a Rehabilitación ¡que se yo!
-  Ya, pero no es lo mismo - David le soltó la mano - ahora me despierto y ya estoy pendiente que llegues para el termómetro, a media mañana otra visita y antes de irte otra.
-  Si, eso si que tiene que cambiar - Sofía se reía nerviosa - porque a tu casa no voy a ir tres veces diarias
-  Ojala pudiera ser, pero evidentemente no puede ser.
-  De todas maneras - ahora fue Sofía la que cruzó los dedos con los de él - el mundo no se termina en el Hospital San Francisco de Asís. Afortunadamente me quedan tres meses para acabar mi carrera y una vez con mi título de enfermera ya veremos lo que hacemos.

David acercó la mano a sus labios y la besó. Tenía unas ganas enormes de besarla en la boca y de declararse como en las novelas de amor, pero era consciente que ni era el sitio ni el momento para tales demostraciones de cariño, entre otras cosas porque como la pillase la monja se podía dar por despedida de la escuela y era una pena echar todo por la borda después de casi tres años. Simplemente se despidieron con un hasta pronto y sin querer o queriendo, quedó establecida una relación que perduró bastantes años.


3 comentarios:

  1. ¡¡ Que gusto volver a leer las aventuras de la enfermera !!!!!.
    Está apasionante; de momento estamos en comedia romántica pero sabe Dios por donde va a transcurrir...
    Bienvenido a la realidad y aquí estamos tus fieles segidores.

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  2. Como dicen los gallegos "ya me tardaba volver a la novela". Espero que por lo menos hasta el próximo verano no se vuelvan a producir estos retrasos en la publicación del correspondiente capítulo. Ya se me había casi olvidado lo anterior, pero al ir leyendo voy recordando. El romance ha comenzado, esperamos el desenlace. Sigue escribiendo, no te olvides.

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  3. He vuelto!!!!! entre la vuelta del verano el principio de curso y el adaptarme otra vez a Madrid no he tenido tiempo para nada, pero bueno ya he leído este capítulo y me ha encantado así que voy a leer el siguiente.Besos.

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