viernes, 9 de abril de 2021

QUIEM POR UNAS IDEAS.- CAPITULO 11

 

 

 

 

CAPITULO 11.-

 

Era el primer día de clase y todos los alumnos que transitaban por el amplio paseo que desembocaba en las diferentes facultades se apresuraban para llegar puntuales. Era temprano, las ocho y diez de la mañana y Belén Cruz salía del metro con unos cuantos cuadernos de apuntes debajo del brazo y un amplio bolso colgado tipo bandolera. Tenía la intención de haber llegado un poco antes, pero se entretuvo escogiendo la ropa que utilizaría para su bautismo en la Universidad. Primero un conjunto de camisa y minifalda en rojo chillón que le pareció demasiado, después un jersey de pico con una camisa blanca y un pantalón azul claro, que le pareció excesivamente informal y al final se decidió por unos vaqueros con una camisa de tonos rosas. Se peinó con coleta dejando totalmente al descubierto una cara muy juvenil, dieciocho años recién cumplidos, y unos labios finos discretamente perfilados con un lápiz oscuro. A continuación un desayuno con Cola Cao y unas cuantas galletas con chocolate y después el pequeño discurso de su padre como corresponde al inicio de una nueva actividad. Todo eso hizo que se retrasase y ahora le tocaba acelerar el paso para llegar a la clase de Fisiología que estaba programada para las nueve de esa mañana otoñal.

Todavía recordaba con cariño las palabras de su padre y la promesa que le hizo de no cambiar nunca. ¡Que fácil decirlo y que difícil cumplirlo! sobre todo en su Facultad donde, según le explicaron sus amigas, el ambiente era bastante liberal y las oportunidades para no asistir a clase serían moneda común. Hay que ver como era su padre, estaba mas preocupado que ella por eso de terminar el colegio y comenzar, como él decía, una nueva vida. Estaba claro y ella también lo sabía que era un cambio muy importante, pero alguna vez tenía que llegar. Si que parece ser que es verdad que no pasan lista y si no apareces por clase en todo el año no pasa nada de nada, pero ella había demostrado durante todos los años de colegio que era bastante responsable y había sacado curso por año y con unas notas razonablemente buenas, o sea que no tendría porqué cambiar, pero todo podía ocurrir, aunque intentaría que no le pasase. Por otra parte iba a estudiar Farmacia que era la carrera que desde pequeña siempre decía que iba a estudiar y ya sabía que nunca tendría una farmacia, eso para una tendera pero no para una licenciada le repetía constantemente su padre, pero el tema de investigación para mejorar la calidad de vida de los enfermos era un tema que desde siempre le había gustado y por ahí pensaba dirigir sus pasos. De hecho todo el mundo decía que la Farmacología era un rollo y ella, lo poco que había leído, le encantaba.

Iba tan ensimismada pensando en sus cosas que casi sin darse cuenta estaba a las puertas de la Facultad, su Facultad tantas veces soñada y allí estaba ella con la ilusión en la cara y dispuesta a comerse el mundo. Subió las escaleras casi de dos en dos y se acercó a mirar unas interminables listas de nombres y mas nombres que abarcaba casi una pared.

-      Aquí estoy. Primero, grupo C, aula 2.

Unos metros mas allá un bedel repartía los horarios de las clases, asegurándose primero que le daba a cada uno la hoja que le correspondía

-      ¿Seguro que estás en primero C?

-      Yo creo que si

-      Míralo bien que el primer día venís todas un poco “amodorrás” y no os enteráis de “na”. Toma aquí tienes todo y si quieres llegar a la primera clase ya puedes correr porque Don Argimiro no espera a nadie y no es el aula que te toque, que hoy es la inauguración y se celebra en el Aula Magna

-      ¿Donde es? - Belén pretendía cumplir desde el primer día.

-      En el primer piso, subiendo a mano derecha – el bedel le indicaba con gestos de su mano derecha mientras que su vista recorría el cuerpo entero de Belén como si ya estuviera examinándola

-      Gracias

-      Me llamo Nicolás y si algún día necesitas algo de mi ya sabes donde me tienes.

-      Me voy corriendo que si no, no llego

-      Corre, corre, criatura que ya vendrás mas despacio otros día, en cuanto algún chaval te eche la vista encima – el bedel continuó repartiendo mas hojas con horarios a todos los alumnos que se lo solicitaban.

La entrada en clase fue posiblemente lo mas impactante que le había pasado en su vida. Era el Aula Magna y se daba la primera clase allí para darle un aire de mayor solemnidad al inicio del curso. Nunca había visto nada igual, era como un campo de baloncesto al que le faltasen las canastas, graderíos de frente, graderíos de lado y solo la tarima, en el único lugar al que la gente no se atrevía a subirse, un hombre mayor permanecía de pié con pelo blanco rigurosamente peinado hacia atras que, con los brazos cruzados sobre el pecho, esperaba que todo el mundo tomara asiento para comenzar el acto solemne de inauguración del curso.  A su espalda varios catedráticos permanecían sentados en espera que el Ilustrísimo Señor Decano tomara uso de la palabra. Para los numerosos alumnos el simple hecho de verlos con sus togas negras y sus birretes de vistosos colores ya imponía, pero para toda la gente que llenaba todos y cada uno de los asientos y que intentaba seguirle sentados en el suelo, en el borde de la tarima, en los pasillos y hasta en el quicio de las ventanas que daban a un parque, no parecía impresionarles mucho porque no cejaban en su empeño de hablar lo mas alto posible. Don Argimiro, con enorme paciencia producto de los muchos años de docencia, miraba a un lado y a otro y poco a poco la gente fue hablando mas bajo y al cabo de unos pocos minutos el silencio se fue adueñando de todos y de todo y la voz de Don Argimiro se oyó potente en cada uno de los asientos:

Señoras y Señores: Sean bienvenidos a esta su casa – hizo una larga pausa mientras paseaba su mirada por todo el recinto – y reciban mi felicitación porque ya son ustedes UNIVERSITARIOS y como tal deben comportarse. La Universidad es y debe ser también para ustedes el centro de todo, el sol que iluminará sus largas noches de invierno, la luz que debe permanecer encendida en sus cerebros para que actúen siempre con responsabilidad y educación y sobre todo no pierdan nunca de vista que es un periodo de su vida que pasa bastante mas rápido de lo que parece y si me permiten un consejo, disfrutenla. No dejen que la vida universitaria pase por ustedes como si nada, no, no lo hagan porque de lo contrario se arrepentirán en un futuro que no está tan lejano como sus mentes juveniles piensan.

Escuchen el Gaudeamus, nuestro himno, con emoción y cuando se encuentren integrados noten que el vello se les eriza ante las notas de este nexo de unión entre todos los que pertenecemos a esta gran familia. Emociónense, no se preocupen, no pasa nada y dejen que el espiritu universitario anide en todos ustedes.

La Universidad es, y seguro que gracias a todos ustedes va a seguir siendo, el faro que ilumine la senda hacia donde debe dirigirse la sociedad, una meta deseada por todos y para ello es necesario que se unifiquen los esfuerzos de todos, que estemos dispuestos a realizar el máximo sacrificio para satisfacer los requerimientos de los tiempos en que nos ha tocado vivir.

El Claustro de profesores se pone a disposición de todos y cada uno de ustedes para facilitarles su labor y ayudarles en esta difícil tarea que nos ha tocado asumir. Espero de todos ustedes que correspondan como nos merecemos por el esfuerzo que tenemos que realizar y que entre todos, ustedes y nosotros, se establezcan unos cauces de relación que nos permitan finalizar con éxito el camino que tenemos que emprender conjuntamente.

Reciban con ilusión la beca que les haremos entrega a continuación y casi sin solución de continuidad, vayanse cada uno a su clase para iniciar, sin prisa pero también sin pausa, el nuevo curso que hoy inauguramos

Bienvenidos a la Facultad de Farmacia.

Los catedráticos se pusieron de pié al igual que todos los alumnos y las notas del Gaudeamus Igitur llenaron todos los rincones del Aula Magna y tal como les había indicado el Señor Decano fueron muchos que notaron la emoción en sus gargantas y hasta alguna lágrima furtiva afloró por algún ojo. Para otros sin embargo, ese acto era ejemplo de la poca evolución de la Universidad y el Claustro de Profesores una serie de señores de otra época que poco o nada tenían que ver con los tiempos que corrían.

Finalizada la música todos se levantaron, recogieron sus libros y fueron vaciando lentamente el aula. Belén iba bajando lentamente los escalones y unas pocas filas mas abajo se encontró con Pili Caniera, con la que había iniciado una amistad en la cola del banco para pagar la matrícula

-      Hola – su amiga se unió a Belén - ¿Qué tal?

-      Muy bien, pero para empezar ha sido un poco rollo ¿no crees?

-      Bueno, es normal – Pili se ajustó una cinta que llevaba en el pelo – lo que pasa es que tratan de darle un aspecto como muy formal y por eso todos los profesores van con las togas y demás parafernalia, pero para eso estamos en la Universidad

-      A mi me ha parecido como si fuera una obra de teatro en el que cada actor juega un papel determinado

-      Es que posiblemente sea así, una especie de representación. En fin, ¿Tú también estas en primero C?

-      Si

-      ¡Que guay! Así vamos y venimos juntas y hasta podemos estudiar en la biblioteca

-      Si, si, a mi también me parece muy bien – Belén se adelantó para entrar en su nueva clase que ya era mucho mas pequeña y buscó un sitio para las dos amigas. Dejó sus carpetas de apuntes en el asiento de al lado y se volvió para observar a sus nuevos compañeros y allí había de todo, mas chicas que chicos, pero un poco de todo. En general la gente no tenía mala pinta, solo unos cuantos que se habían sentado todos juntos en una esquina parecían haberse escapado de alguna manifestación de antisistemas, con crestas de distintos colores, pantalones bombachos y camisetas de tirantes

Belén y Pili miraban descaradamente a todos sus compañeros y fueron comentando lo que les parecía cada uno.

-      Mira aquel – Pili señalaba a uno con su cabeza – parece una jirafa ¿has visto que largo es?

-      Si, ese será un buen fichaje para el equipo de baloncesto

-      Es verdad, para algo tiene que servir ser tan alto ¡que bestia! ¿cuánto medirá?

-      No tengo ni idea pero lo mejor es preguntárselo y salimos de dudas

Belén le miró directamente y aunque al principio él, situado cuatro filas por detrás, se hacía el interesante, hubo un momento que miró y Belén aprovechó para preguntarle por señas cuanto media. El le contestó, con dos dedos,

-      ¡Dos metros! ¿mas? ¿dos diez? dos ocho, puaf que barbaridad. ¿yo? no se, pero como mucho uno sesenta y cinco

En ese momento una señora de mediana edad hizo su entrada en la clase, dejó el bolso encima de la mesa y sin mas preámbulos se presentó

-  Buenos días. Me llamo Elena Diaz y soy vuestra profesora de Fisiología.

La primera clase de Belén en la Facultad se puede decir que fue interesante pero no colmó sus expectativas. Elena, la Catedrática que más adelante explicó que no era ella si no su adjunta en la Cátedra de Fisiología, no explicaba mal, aunque se notaba que llevaba muchos años repitiendo lo mismo y no demostraba el mayor interés. Empezó con la célula, el principio de la vida según ella y a partir de ahí todo lo dedicó a su desarrollo y como después de muchos cambios la unión de muchas de ellas formaban un órgano sometido a los influjos de múltiples hormonas. Después de unos cincuenta minutos de charla, decidió poner fin hasta el próximo lunes, con lo que lentamente se bajó de la tarima y se enfiló a la puerta.

-      Tomamos una caña en el bar y de paso lo conocemos – la amiga de Belén tenía prisa por integrarse rápidamente en todos los ambientes de la Facultad

-      Por mí no hay inconveniente, aunque me gustaría estar en casa a la hora de comer

-      No te preocupes.

 

El bar de la Facultad de Farmacia, conocido en el ámbito universitario como en el que más se ligaba de toda la ciudad universitaria, estaba hasta los topes. Chicos y chicas se entremezclaban entablando nuevas amistades, quedando para jugar al mus, charlando sobre sus primeras impresiones en su nuevo ambiente y empujándose para llegar hasta la barra. Pili y Belén lo consiguieron después de un rato, pidieron dos cañas y trataron de buscar una mesa, pero les resultó imposible. Se organizaban pandillas y curiosamente, como era el primer día, casi todas estaban formadas por gente que o se conocían con anterioridad o simplemente por la manera de vestir. Allí se congregaban todo tipo de estudiantes, unos y fundamentalmente unas porque el porcentaje de ambos sexos era absolutamente favorable a las mujeres, vestidas con sus vaqueros, sus camisetas y sus chaquetas de diferentes colores, otras con botas pantalones negros con alguna cadena haciendo como de llavero, melenas bien cortadas en peluquerías, pelos que parecían recién salidos de la lavadora y los inevitables tintes de algunas punkys destacando por su cantidad los rojos y sobre todo los muy cortos y muy azules, mezcla variopinta que se iría delimitando con el paso de los días al igual que el número de personas que abarrotaban el amplio establecimiento donde los bocadillos pasaban de mano en mano hasta llegar a su destinatario.

-       ¿Que te parece? – Belén fue mirando lentamente para todos lados – menudo ambientazo

-      Como esto sea así todos los días se nos van a quitar las ganas de entrar en clase – sonrió Pili con su juventud reflejada en todo su perfil, desde el peinado con el pelo corto, morena con algunas mechas rubias, hasta sus vaqueros ajustado sus uñas pintadas de un rojo como muy moderno.

Para ser el primer día ya estaba bien, Belén y su nueva amiga Pili se encaminaron al Metro y ya en Arguelles una continuó por la línea siete y otra por la nueve

-       Hasta mañana.

-      Hasta mañana, ¿quedamos a las nueve y media en el bar de la Facultad?

-      Muy bien, allí nos vemos.

 

 

 

 

viernes, 2 de abril de 2021

REQUIEM POR UNAS IDEAS. CAPITULO 10

 

 

CAPITULO 10.-

 

Tenía un par de semanas de vacaciones pagadas por la empresa, que en este caso era la Marina de Guerra española y Carlos, el hijo mayor de la pareja compuesta por Carlos y Cristina, había decidido que el mejor sitio para disfrutarlas era en casa de sus padres, en Cartagena. Allí, aunque hacía algunos años que había sido destinado a Ferrol, continuaba teniendo un montón de amigos y encima cambiaba de aires que nunca venía mal. Era un Oficial de Marina muy joven, veintinueve años, soltero, alto, de anchas espaldas, mirar sincero y espíritu militar que se le apreciaba de lejos. Era parco en palabras y por lo tanto se equivocaba pocas veces. En la mayoría de los asuntos se podía considerar un liberal, con una amplia formación en países de indiscutibles raíces democráticas, pero en cuanto le tocaban el tema político parecía como si le encendieran una mecha.

Había tenido un par de destinos muy buenos, uno en Australia donde había permanecido como tercer oficial de una fragata que se pensaba vender a los australianos, allí tuvo oportunidad de aprender inglés fluído, estuvo casi siete meses y conoció de manera directa otra manera de vivir bastante diferente a la de Cartagena y sobre todo a la de Ferrol, donde reconocía que estaba encantado pero el tiempo le echaba para atrás. Eso de estar todo el día lloviendo era superior a sus fuerzas y en cuanto salió la posibilidad de embarcarse no tardó ni cinco minutos en decidirse. Afortunadamente no tenía nada detrás, alguna novia pero de escaso interés y para allá que se fue después de darles la noticia a sus padres.

La base la tenían establecida en Sydney y rápidamente hizo amigos, sobre todo con un Ingeniero Naval que estaba allí desplazado por Navantia para tratar de contribuir con su trabajo a la adquisición de alguna de las nuevas fragatas construidas en Ferrol por parte de la Armada australiana. Formaba parte de un equipo compuesto por dieciocho personas en Sydney, cerca de treinta en Melbourne y el grueso de la empresa, unos setenta en Perth. Carlos, los días que no tenía guardia, quedaba con Ramón, el Ingeniero, que vivía solo en un apartamento cerca de la Opera, con una vista impresionante sobre la bahía y pasaba algunos días en su casa. Tenía una habitación para él, porque la novia que había estado allí viviendo, se había tenido que volver a Madrid por motivos de trabajo y por lo menos en un año no podría solicitar una nueva excedencia por lo que Ramón tenía casa de sobra para que Carlos conviviera con él el tiempo que estuviera en Sidney, que en principio sería por cinco años con posibilidad de una prórroga de alguno más si no habían finalizado las obras del Metro que estaban bastante avanzadas. Ajustaron una cantidad para afrontar entre ambos los gastos de comunidad y allí permanecían muchas horas.

Ramón llevaba en Australia casi tres años y se conocía hasta el último rincón de la ciudad. Le gustaba salir todos los días, al finalizar su jornada laboral que era a las cinco de la tarde y hasta la hora de dormir recorría múltiples pubs, discotecas y zonas de la movida donde conocía a bastante gente, curiosamente muchos de ellos españoles que estaban allí trabajando. En muy pocos días, Carlos era uno más y pasaron unos meses imborrables. Los días que Carlos tenía guardia, que eran pocos y encima con muy poco trabajo, le invitaba a cenar a la Cámara de Oficiales del barco y allí tomaban copas hasta horas de la madrugada discutiendo con algún otro Oficial de todo, hasta de lo divino y de lo humano. En alguna ocasión, se sumaba a la tertulia un marino australiano, más o menos de su edad y se podían enterar de la organización de otra Armada que no era la española

Carlos admiraba la Armada de aquel país, por supuesto que como en cualquier ejército, la disciplina ocupaba un lugar destacado, pero las decisiones importantes eran tomadas en múltiples comisiones que valoraban los pros y los contras contando con la opinión de todas las partes interesadas. Por si todo ello fuera poco, el sueldo era aproximadamente el doble de lo que cobraría en España, aunque evidentemente vivir en Australia era bastante más caro, pero no tanto como el doble ni mucho menos. Otra circunstancia que le llamó la atención era que los barcos no paraban más de una semana en puerto, a no ser que tuvieran alguna avería importante, pero como decía su amigo Michael, el marino australiano, donde mejor se hacen las prácticas es en plena mar y todos los procedimientos eran entrenados con los barcos en activo. Una cosa era la teoría y otra la práctica, cosa que no pasaba en España por culpa de los presupuestos nacionales que cada año disminuían para las Fuerzas Armadas. Ellos basaban la defensa de su país sobre todo en la Marina y para tal fin tenían que tener buen material, barcos, el personal entrenado, los marinos y por supuesto todas las posibilidades de guerras con los países próximos para lo cual tenían infinidad de protocolos con la mayoría de las posibilidades de ataque, tanto por mar como por tierra o aire. Para el Gobierno australiano el Ejército era un pilar fundamental de su política y aunque cambiara de signo, daba igual derecha que izquierda, seguían sin poner ninguna traba a los presupuestos aceptados por el Gobierno anterior, de tal manera que cada año se incrementaba cuando menos el índice de precios al consumo (IPC) y en alguna ocasión hasta un poco más, lo que les permitía tener unas Fuerzas Armadas completamente actualizadas y dispuestas a actuar en cuestión de minutos.

Otro hecho que le llamó poderosamente la atención es que, en el caso de la Marina, la jubilación era a los cincuenta y cinco años para navegar y cinco años más, como máximo para ejercer el mando en tierra, precepto que se cumplía a rajatabla y la jubilación, en cuestión de salarios, era de un 10% menos que si estuvieran en activo.

Todos los estamentos, desde el último marinero hasta el Almirante de mayor rango, tenían sus vías de diálogo permanentemente abiertas para negociar, no solo los salarios, sino también las condiciones de trabajo y las comisiones encargadas para velar por su cumplimiento funcionaban con absoluta normalidad y libertad para pedir todos aquellos documentos necesarios para que su investigación fuera estudiada por los altos mandos y ellos a su vez controlados por el Gobierno.

Aquello le abrió bastante los ojos a Carlos que charlaba animadamente con su colega pensando la suerte que tenían de disponer de unas normas como las que le contaba y le afianzaba en su idea de reformar las de España.

El tiempo, como ocurre casi siempre, transcurrió mucho más deprisa de lo deseado y después de ocho meses, más o menos, en Sidney, Carlos volvió a Ferrol donde le concedieron quince días de permiso lo que le permitió volver a Cartagena y pasar unos días con sus padres y hermanas, en donde tuvo ocasión de contarle, sobre todo a su padre en aquella noches de Tentegorra donde el calor invitaba a acostarse lo más tarde posible, todas las normas de la Marina australiana y la envidia que le provocaba aquella situación

-       Fijate Papá que tú estarías ya jubilado y casi con el sueldo completo y encima con esta casa para siempre.

-      Menudo chollo, pero que le vamos a hacer, nosotros estamos en una empresa española y aquí, como las lentejas, si quieres las tomas y si no las dejas. Venga, vamos a dormir que tú estás de permiso, pero yo mañana a las ocho de la mañana tengo que estar en el Arsenal.

-      Hasta mañana.

 

 Con el paso de los meses después del tiempo transcurrido en Australia y posiblemente de manera involuntaria, quiso introducir algún tipo de representación democrática en el Ejército y eso le hizo no ser santo de la devoción de mas de uno y mas de dos Almirantes que lo tenían en su lista negra. Por eso y aunque era difícil de demostrar, no consiguió ninguna de las dos plazas a a las que se presentó para volver a su tierra cartagenera y continuaba destinado en Ferrol soportando los duros inviernos y teniendo la necesidad de desplazarse con cierta frecuencia a Madrid por asuntos relacionados con su supuesta representación de los trabajadores. Al principio, fue una especie de Delegado Sindical, consentido aunque todo el mundo sabía que era ilegal y mas adelante se pasó a ser en el mas válido interlocutor llegando incluso a disponer de un permiso semioficial con lo que trabajaba poco en lo suyo y mas en hacer de enlace entre los dirigentes del Ministerio en Madrid y el grueso de los Marinos destinados en el gallego Departamento Marítimo. Los mandos lo tenían como su hombre de confianza y era el encargado de ir transmitiendo las noticias que con el paso de los días o semanas salían en el Boletín Oficial.

El ambiente estaba muy cargado, la situación económica iba de mal en peor y le comunicaron que en el plazo de doce meses no tendrían mas remedio que rebajar el sueldo otro cinco por cien y que de seguir las cosas por el mismo camino posiblemente habría que suprimir la paga extraordinaria de Navidad y la medida mas impopular para unos hombres que estaban acostumbrados a surcar los mares, era que el aporte de petróleo se reducía en un diez por ciento, con lo que las horas de navegación proporcionalmente también sufrirían un importante retroceso y en consecuencia también se vería mermado el sueldo. Total, un panorama desolador para los componentes de la Armada sin posibilidad de negociar con ningún tipo de representantes legales, que estaba rigurosamente prohibido y ahí estaba Carlos, sindicalista sin título, pero representante, mas o menos legal, de un colectivo que necesitaba como agua de mayo de sus servicios.

Carlos padre estaba preocupado con el giro que había tomado la carrera de su hijo. Por un lado se sentía muy orgulloso, al fin y al cabo, era lo que él hubiera querido ser, pero por otro conocía de primera mano y de hecho lo había sufrido en sus propias carnes, como pensaba la cúpula militar y estaba convencido que mas pronto que tarde su hijo se vería en problemas.

Aquella tarde Carlos hijo estaba preparando una pequeña maleta porque por la noche tenía que desplazarse a Madrid para una reunión al día siguiente con otros compañeros de diferentes cuerpos para establecer las pautas a seguir y adoptar, en la medida de lo posible, una actitud conjunta para las futuras negociaciones, convenios o lo que fuera.

-      ¿Qué tal van las cosas? - Carlos padre preguntaba sabiendo la respuesta

-      Mal, para que nos vamos a engañar. Todo el mundo quiere tener derechos pero ninguna obligación y eso es imposible. Ando como loco buscando un ayudante que me hace falta como el comer y no lo encuentro ni debajo de las piedras

-      Siempre los derechos, pero nadie quiere problemas ¿verdad? – Carlos padre, se sirvió un whisky – eso también pasaba en mi época. Está claro que la historia se repite.

-      Hombre tampoco hay que exagerar. La gente se va involucrando poco a poco, pero necesita tiempo y es necesario convencer a muchos que un sindicato no es una célula de subversión porque todavía lo piensan muchos de mis compañeros.

-      Si te apoyan los Jefes, adelante, pero si no, dedícate a otra cosa porque los mandos son los que tienen la sartén por el mango y como te sometan a un juicio sumarísimo seguro que lo pierdes y sobre todo, si me admites un consejo, no te fíes ni de tu padre porque ese es un mundo llenos de falsos héroes y los que parece que van a ir contigo a muerte, resulta que son los primeros que te dejan en la estacada y si te he visto no me acuerdo

-      Yo creo que están todos esperando a ver que pasa y hasta que no pase no tienen una postura decidida y por eso algunos tenemos que hacer de avanzadilla, si no, estamos perdidos

-      Yo, como padre – Carlos se bebió el whisky de un tirón – quiero lo mejor para ti y me da la impresión que estás cometiendo los mismos errores que yo y lo único que pretendo es aconsejarte, aunque me parece que tienes las ideas muy claras.

-      ¡Que va! – Carlos hijo miró fijamente a su padre – precisamente me interesaba sacar este tema contigo para que me orientes porque ahora mismo estoy como en una encrucijada de caminos y no tengo ni idea por cual tirar. Mi conciencia me dice por uno, el sentido común por otro, mis amigos que entre en el redil y me deje de representar a nadie y la verdad, Papá, es que estoy hecho un lío y por eso me alegro de hablarlo contigo.

-      La verdad es que me pones entre la espada y la pared – Carlos padre trataba de medir bien sus palabras – porque yo a tu edad, bueno a tu edad no porque era bastante mas mayor, pero también estuve en la misma situación y entonces pensaba de una manera que con el tiempo me he dado cuenta que estaba equivocado, pero claro, para eso han tenido que pasar veinte años, que nunca va a ser tu caso y por eso no se muy bien por donde empezar. El mejor consejo que se me ocurre en estos momentos es que te preparases bien para mandar un barco y si tienes oportunidad irte a alguna base naval en el extranjero para dominar el inglés como si fueras un nativo y si después de todo esa preparación continúas pensando en política, entonces sería el momento de decidirte, pero ahora eres muy joven, estás en período de formación y creo que te vas a meter en mas de un lío que no te va a beneficiar para tu carrera. Piénsalo, pero creo que ese es el mejor consejo que te puedo dar. Yo me equivoqué y no me gustaría que tu siguieras mi camino porque no fue nada bueno para mi y encima os puse a toda la familia a los pies de los caballos - Carlos padre continuó con su pequeño discurso dándose perfecta cuenta de lo importante del momento – Es lógico que con la ilusión que dan los pocos años pretendas cambiar la Marina, todos lo hemos pensado, pero desgraciada o afortunadamente, esta empresa es como es y por mucho que nos empeñemos en cambiarla, tiene sus códigos de comportamiento y si te saltas las normas establecidas, antes o después, eso ya es cuestión de tiempo, el rodillo de la normalidad te acaba aplastando y todas las ideas de democratizar la relación entre los oficiales y la marineria se convierte en papel mojado y lo peor es que seguro que muchos de tus compañeros que ahora te animan a luchar con lo que se podría definir contra el poder establecido, con el tiempo llegarán a ser el propio poder con lo cual todo se complica.

-      Ya, pero estarás de acuerdo que algo tiene que cambiar

-      Naturalmente que tiene que cambiar, pero todo lleva su tiempo y si tu lo que quieres es acelerar las reformas, mucha gente te aplaudirá pero, en cuanto te des la vuelta te pondrán a parir y eso si solo se queda ahí, porque por ejemplo en mi caso, se inventaron cientos de fantasías que al final desembocaron en que estuve no se cuantos meses en un castillo y eso que nunca se probó que estuviera implicado en ningún golpe de estado ni nada parecido.

-      Papá – Carlos hijo miraba a su padre con emoción – estoy seguro que tu, en tu época actuaste en conciencia eso para mi es lo mas importante

-      De eso puedes estar seguro, pero ya te digo que según te vas haciendo viejo te vuelves mas conservador y por eso es por lo que mi consejo es que dejes las cosas como están que todo se irá arreglando, posiblemente no a la velocidad que tu quisieras pero algo se va moviendo y los movimientos sindicales y asociaciones parecidas se irán introduciendo en la milicia, entre otras cosas porque es ley de vida, pero todo a su debido tiempo.

-      Gracias, Papá, creo que seguiré tu consejo

-      Ojalá – Carlos padre se levantó dando por finalizada la reunión - Hasta mañana, vámonos a dormir que mañana toca madrugar.

-      Perdona Papá, he pedido destino en Londres ¿crees que me lo darán?

-      No lo se, pero eso será una prueba de como te valoran – Carlos Padre esbozó una sonrisa llena de melancolía – si piensan que les puedes estorbar seguro que si. Ya se verá.

-      Hasta mañana.

viernes, 26 de marzo de 2021

Requiem por unas ideas.- Capitulo 9.-

 

 

CAPITULO 9.-

 

Los años, los meses y los días pasaban a velocidad de vértigo y ya hacía casi tres que el Coronel Cruz había vuelto a su casa después del último arresto y desde entonces acudía a los cuarteles, hablaba con unos y con otros pero parecía que no se metía en mayores líos. Como solía decir “los años pasan y uno se vuelve todavía mas conservador” Hablaba de política, por supuesto, pero ya eran comentarios mas moderados, mas acordes con los tiempos que le había tocado vivir y ya no decía aquellas barbaridades de que para acabar con el problema vasco la solución era muy fácil, solo había que soltar a un par de tercios de La Legión y que se dedicaran a matar a todos los de la izquierda abertzale. Le daba igual que fueran diez mil que ciento cincuenta mil, se les mataba y adiós al problema. Discutía mucho en los cuarteles y poco en casa por una razón de estrategia y a un pacto que cumplía a rajatabla y no era otro que prohibido hablar de política y mucho menos con su hijo Julián.

La última vez que intentaron dialogar fue hacía años con motivo del movimiento del 15 M y casi llegan a las manos. Para el padre el citado movimiento de indignados, podría tener razón en un principio, pero ahora se había convertido en el refugio de okupas, revienta manifestaciones, hippys y muchos niños bien con muy mala pinta y peores ideas. Gente joven con ideales, según Julián, que protestaba porque pensaban que el sistema no iba con ellos y por lo tanto no acataban leyes, formas de vestir y mucho menos de entender la vida y una panda de desalmados con pinta de cuatreros para el Coronel Cruz que no entendía como el Gobierno les permitía hacer lo que les diera la gana sin imponer un mínimo de autoridad.

          -  Pero ¿tu sabes lo que piden? – preguntaba Julián

-      Me da igual lo que pidan. Nadie tiene derecho a ocupar la Puerta del Sol y quedarse allí a vivir en tiendas de campaña como si fuera un camping.

-      Venga Papá, no me cuentes milongas – Julia era tan o más discutidor que su progenitor – eso fue hace un montón de años y mira por donde ese grupo de okupas y revienta manifestaciones como tú les llamas han formado un partido político y son tan legales como el PP o Vox.

-      Están legalizados porque tenemos el Gobierno que tenemos que si estoy yo en lugar de en el Parlamento estarían en la cárcel.

-      ¿Por qué?

-      Muy sencillo porque son comunistas y ya tuvimos una guerra por su culpa, guerra que te recuerdo que la ganamos nosotros y ahora nos quieren hacer olvidar todo aquello y que los tratemos como si fueran buena gente.

-      ¿Y tú sabes como son?

-      Hombre Julián, no me jodas, no hace falta conocerles, solo hace falta verles la pinta ¿tú te has fijado en su jefe, el Pablo Iglesias ese o como se llame?

-      Si, le he visto algunas veces ¿que le pasa?

-      ¡Como que que le pasa! ¿tú le ves como representando a alguien en Europa? – Antonio Cruz se iba calentando y el enrojecimiento empezaba a aparecer en su cara preludio habitualmente de unas voces que resonaban por toda la vivienda – lo primero que tiene que hacer es recortarse esa coleta y vestirse como Dios manda

-      Te recuerdo que yo también tengo el pelo largo y no por eso soy mala gente

-      Mira Julián, esos tipos quieren destruir todo lo establecido, no les gusta la Monarquía y mucho menos el Rey, no quieren ni oir hablar de la Constitución que es la que nos manda a todos los españoles, son partidarios de la okupación, los empresarios son lo peor de nuestra sociedad y hay que acabar con ellos y por supuesto con las empresas y para colmo querían asaltar el Parlamento ¿te parece poco para decir que son los enemigos de nuestro país?. Lo que tienen que hacer es trabajar que para eso son jóvenes y con su esfuerzo, como el que hacemos todos los demás, tratar de levantar el país que falta nos hace.  

-      Pero que trabajen ¿en que? Hay un paro juvenil del cuarenta por cien y los pocos que tienen empleo no tienen, por no tener, ni Seguridad Social y encima ahora se les ocurre a los que teóricamente piensan que lo mejor son los mini jobs

-      Bueno, pero por algo se empieza

-      Si, pero no empezar la casa por la ventana. Lo primero es tener un trabajo estable, con un horario razonable y no eso de cotizar por tres horas y después estar ocho o diez trabajando

-      ¿Tu pretendes que los bancos den créditos a esa pandilla?

-      Bueno, allá ellos y por supuesto el Gobierno que les apoya porque antes o después tendrán que rectificar los políticos.

-      Yo creo que debería ser al revés. Lo primero es que si sois tantos y tenéis tanta fuerza que la gente os vote y en el Parlamento y podríais discutir las intenciones políticas de cada uno, pero para que vuestras ideas triunfen en el lugar donde hemos decidido que empieza nuestra democracia hacen falta líderes, gente preparada que estimule a la masa militante, que tenga un programa de gobierno para discutir con los otros grupos y los de ese movimiento lo único que hacen es ocupar la Puerta del Sol, llenarlo todo de mierda, hacer escraches a todo el que  se les ocurre, defender a los okupas, el caso es fastidiar a la gente de bien que vive por ahí y molestar que parece que es el principal objetivo.

-      Parece mentira que todavía pienses que los de Podemos somos eso que dices y no un partido político tan legal como cualquier otro y te quedes en que cerca de doscientas mil personas que ocuparon la Puerta del Sol hace no se cuanto tiempo, solo quieren molestar

-      ¿Y no es así?

-      Pues claro que no – Julián trataba de exponer sus razonamientos con la mayor tranquilidad posible – lo que quieren o queremos, porque yo estoy absolutamente de acuerdo con ellos, es que esto cambie, que no hay derecho que mientras que unos ganan cientos de miles de euros al año otros no tengan ni para comer, queremos que todos vivan dignamente, que los pisos sean subvencionados por el Estado, que la educación sea gratuita y que la Sanidad llegue a todos los estamentos de la sociedad

-      Ya y todo eso sin que la banda de peludos se levante por la mañana para trabajar como cualquier hijo de vecino

-      Esos peludos, como tú los llamas, son gente de todas las edades con inquietudes, nada beneficiados por el sistema y son gente normal que protesta en la calle porque no tenemos otro sitio donde hacerlo, es gente que no cree en los políticos y mucho menos en sus resultados y mil cosas mas

-      Menos mal que alguna vez la autoridad tuvo la buena idea, después de varios meses de hacer botellón y acampar en la Puerta del Sol  de levantar el campamento que si no todavía estáis ahí tocándoos los huevos y esperando que el papá estado os de dinero para vivir. El colmo

-      Aunque nos echaron por la fuerza no consiguieron nada porque, aunque a muchos os moleste, es el típico movimiento social que no hay quien lo pare y te vuelvo a recordar que ya estamos en el Parlamento y aunque os moleste nos tendréis que oir

Antonio Cruz se levantó dando por terminada la reunión. Era de las pocas veces que lo que empezaba como una charla informal entre padre e hijo no se había convertido en una forma de chillarse uno a otro. Estaba claro que nunca iban a estar de acuerdo, pero podían intentar buscar algún punto de encuentro.

Julián se fué a su cuarto como todos las veces que discutía con su padre, se tumbó en la cama, encendió un pitillo y con la guitarra comenzó a entonar una canción desconocida. Tenía la manía, como le decía su padre, de componer y para eso le bastaba con cualquier situación. Se consideraba un mártir de los políticos, vivía en una sociedad que no le gustaba, no tenía trabajo y el poco que encontraba era siempre temporal y por menos de quinientos euros y lo mas importante es que no tenía ganas de nada. Se pasaba las horas muertas tumbado en su habitación rasgando la guitarra y buscando letras de muy diversa índole para a continuación buscar el mejor acompañamiento musical.

Había decidido en contra de la opinión de su padre estudiar Ciencias Políticas en la Universidad Pública y ya le había dicho a su progenitor que no se preocupara que él se pagaría sus estudios, no hacía falta que lo mantuviese. El último mes se había hecho asiduo a los últimos rescoldos del movimiento del 11-M y al principio del partido político de Podemos, un movimiento mas o menos social de carácter asambleario, con unos objetivos un tanto diluidos en la protesta habitual. Asistía por lo menos tres o cuatro horas a las múltiples reuniones en las que se iban haciendo unos estatutos y se iban nombrando los diferentes candidatos de las distintas provincias, todos ellos destacados activistas y expertos en temas como la organización de algaradas callejeras, okupaciones, enfrentamientos con la policía y temas parecidos. Allí se sentía realizado, hablaba con vehemencia y soltura a la escasa concurrencia sobre la eliminación del ejército en nuestra sociedad y exigía libertad para todos los presos del franquismo, al igual que reprobaba la labor de la justicia que actuaba siempre a favor de las tesis del gobierno de turno. Por fin, Julián Cruz había encontrado un camino en su vida y después de valorar los pros y los contras y ante los vítores de sus exaltados colegas, se había decidido por fundar la sección española de las Juventudes Libertarias. Ya tenía diecisiete afiliados y estaba pendiente de visitar la Universidad Autónoma para ampliar el número. Julián era un hombre joven, con una voz potente y bien timbrada, una buena capacidad de convicción que se veía aumentada por una labia que no se sabía de donde la había heredado y el único escollo de todas sus convicciones era su padre. Le llevaba la contraria, faltaría más, pero nunca se atrevía a llegar hasta el final. Se creía que lo aceptaba, pero el hecho de que su padre hubiera sido un golpista lo traía a mal traer y eso que era una historia desconocida para la mayoría.

Como todos los días, la madre entró y se sentó a los pies de la cama. Julián sabía que lo hacía con la mejor de sus intenciones, pero ya había pasado la juventud y aquellas demostraciones de cariño no le hacían demasiada gracia, pero su madre era así y nadie la iba a cambiar. Trataba no tanto de unirlos si no de mantener al menos una relación familiar, que no se perdiera por nada del mundo y por eso quería evitar en la medida de lo posible que en su casa se hablara de política, pero casi nunca lo conseguía a pesar de sus buenos consejos

-      Julián, Julián, mi pequeño - insistía en el masaje recorriéndole dorso de los pies de su hijo – no me gusta mucho como te comportas con tu padre ¿no podrías cambiar?

-      ¿Y por qué no cambia él?

-      Tu padre tiene sesenta años y ya no va a cambiar ¿no lo entiendes?

-      Pues no, que quieres que te diga. Es una persona que no vive en este siglo y eso a mi me molesta y mas si es mi padre, pero no hay manera de hacerle entrar en razón.

-      Tu padre claro que vive en este siglo – La madre le acercó una coca cola que le había traído en un vaso – lo que pasa es que no le gusta lo que ve e intenta arreglarlo

-      ¿Arreglarlo? – Julián dejó caer la guitarra - ¡venga Mamá, no seas ilusa! Lo que quiere es que la gente de orden, como repite cada minuto, gobierne este país y yo no quiero que sea así porque esa  gente de orden es la que nos ha llevado a la situación que estamos viviendo, nos han exprimido como limones y ya estamos hartos y por fin salimos a la calle y que se enteren que no los queremos, que se vayan a sus casas, que tengan todos los hijos que Dios les de, que vayan a Misa todos los Domingos, que tengan a su mujer esperando por si quieren cenar mientras llegan de estar con sus queridas y mil cosas mas. No me gusta, que quieres que le haga, no me gusta y ya está.

-      Julián, por favor, no digas barbaridades. Relájate un poco y luego intenta dormir y piensa que tu padre te dice todas esas cosas por tu bien, Desgraciadamente nosotros conocimos la España del hambre y no queremos que se repita una situación parecida.

-       Eso es historia y la situación no era igual ni mucho menos. Ahora también hay hambre, claro que la hay, pero no tanto hambre física como la vuestra, por cierto que por vuestra culpa porque para eso os dedicasteis a ensalzar a Franco y  decir que era casi, casi, el salvador del mundo y ahora la sociedad lo que quiere es libertad, cosa que los políticos se pasan el día hablando de ella, pero no tienen ni idea de lo que es y mucho menos de lo que representa. A nosotros no nos hace falta Europa ni las políticas capitalistas de sus gobernantes, nosotros lo que queremos, pedimos y defenderemos con uñas y dientes es nuestra dignidad como personas, que no se nos trate como animales y para eso hemos llegado al Parlamento y allí es donde se tiene que oír nuestra voz e intentaremos llevar multitud de iniciativas para que cambie la sociedad  que falta hace

-      Hijo mío – la madre le imploraba casi de rodillas – yo no entiendo nada de lo que me hablas, pero lo único que quiero es que no te metas en líos que bastante hemos tenido con los de tu padre, eso es lo único que te pido.

-      Yo no me meto en ningún lío Mamá, son ellos los que no nos dejan hablar y por mucho que se empeñen no lo van a conseguir, nos meterán en la cárcel, nos machacarán como partido, nos harán la vida imposible, pero como dice nuestro Presidente, el compañero Pablo Iglesias, no pasarán.

-      Bueno hijo, te lo pido por favor, no te metas en más líos, por favor.

-      Hasta mañana Mamá

Julián volvió a tomar la guitarra y sentado en la cama con las rodillas encogidas intentó recordar los acordes de una canción que se le había ocurrido por la mañana. Como siempre, repetía una y otra vez la letra para acoplarla a las notas de su guitarra.