miércoles, 29 de julio de 2020

Así fue y así paso Capítulo 35


CAPITULO 35.-

Llevábamos mas de dos horas en el restaurante, el cocinero, amigo de Jane desde el colegio se había tomado un café y una copa con nosotros recordando aquellos años de juventud cuando iban a su casa a jugar y se perdían por el campo montando en sendos caballos a pesar de su madre, que se negaba en redondo a que cabalgaran juntos y de su padre que quería para su hija alguien que intentara ser una autoridad en la nación y no aquel chico, eso si de muy buena familia, pero que toda su ilusión era ser cocinero. Tanto Jane como Charly disfrutaban y me daba la impresión que entre ellos había habido algo más que una amistad, ¿por qué no el primer amor que se recuerda para siempre? Total que habían pasado media tarde y casi ni se acordaban del motivo de aquella comida.
Charly se despidió recordándonos que a las cuatro y media no tenía mas remedio que cerrar porque a las seis y media los camareros tenían que volver para ir preparando las cenas. El tenía que recoger a una de sus hijas, dejarla en clase de ballet y volver a recoger a su segundo hijo que hoy tenía clase de judo y a las seis y media tenía que estar de vuelta, o sea que – quedaros aquí hasta esa hora, tomaros una copa si queréis pero si que os pido que a las cuatro y media os vayáis. ¿de acuerdo?
No te preocupes que nos vamos enseguida. – Jane se despidió de su amigo con un beso mientras yo le estrechaba la mano. Me había caído bien el tal Charly, se notaba que tenía una educación a prueba de bombas y que tenía experiencia en el trato con la gente. Era un tipo simpático, son había dado de comer muy bien y encima nos había convidado a una copa ¿Qué  mas se puede pedir?

-          ¿Tienes que trabajar esta tarde?
-         No, ayer hablé con el Dr. Taylor y ya quedamos que hoy no iba a la consulta.
-         Mejor, porque tenemos mucho que hablar – Jane em miró muy seria –  estaba pensando que podíamos ir a mi casa
-         No tienes que ir a recoger a Sinoa al colegio
-         No, hoy estaba con un poco de catarro y se ha quedado con mis padres.
-         Pues venga, vámonos que estos señores tendrán  que cerrar ¿Qué le debemos? – pregunté al camarero que estaba en la barra secando algunas copas
-         Te recuerdo que quedamos en que hoy pagaba yo, o sea que no pidas la cuenta que Charly ya sabe que mañana paso y en un segundo le pago. Hasta mañana John
-         Hasta mañana, señorita Chesterplace.
-         Adiós – me despedí mientras ayudaba a Jane a ponerse su abrigo y yo hacía lo mismo.

Fuimos andando hasta su casa, atravesamos medio Londres y al final llegamos con un poco de frío. El sol había decidido irse a dormir un poco antes de lo habitual, la niebla había llegado con prisa y lo que había amenizado como un día de verano se había convertido en un día mas de los muchos que llenaban las primaveras londinenses.

Era una casa pequeña – para que quiero más si nunca estoy aquí me comentó mientras se quitaba el abrigo y me ofrecía un whisky – siéntate donde quieras que voy a poner la chimenea. Con lentitud puso algunos troncos pequeños que tenía al lado, introdujo unos trozos de resina entre ellos, encendió una cerilla y se quedó unos segundos mirando como el pequeño fuego se iba haciendo cada vez un poco mas intenso. Se sirvió otro whisky para ella, se sentó a mi lado, apoyó su cabeza en mi hombro y preguntó

-          Así estamos mucho mejor ¿verdad?
-         Tú sabes que si, no hace falta que te lo diga
-         Venga Andrés, como dirían en el casino “hagan juego señores” y no perdamos más tiempo.
-         ¿Por donde quieres que empiece?
-         Me da lo mismo – Jane se acurrucó un poco más – lo importante es que me digas si has tomado alguna decisión o todavía no.
-         Es posible que no te lo creas pero tengo un lío en la cabeza que ni yo mismo lo entiendo – bebí un poco de whisky – al principio estaba casi convencido que lo mejor era dejar al Dr. Taylor y dedicarme solo a la Clínica. Esa es la opción que hasta ayer me pareció que era la mejor, pero después de hablar contigo ya no estoy tan seguro
-         ¿Eso quiere decir que tengo alguna posibilidad?
-         Son cosas muy difíciles de explicar - la abracé atrayéndola un poco más hacia mí – ten en cuenta que yo estoy, si se puede decir así, al final de mi carrera y por eso casi de entrada descarté lo de seguir con la cirugía. Posiblemente, no se lo que pensarás tú, pero he estado todos estos años siendo ayudante del mejor Cirujano Plástico del Reino Unido y me ha valido para ganar un montón de dinero sin ninguna responsabilidad y me he acostumbrado, si – bebí un poco mas de aquel magnífico whisky que me había puesto Jane – me he acostumbrado y aunque estoy casi seguro que podría operar tan bien como mi Jefe, no me veo asumiendo la responsabilidad de una cirugía que lo que cuentan son los resultados y no como la hayas hecho tú. No se, no me veo en esa situación y ahora que tengo la posibilidad de no asumirla me parece que sería absurdo volver a aquello que hizo, entre otras muchas razones, que me viniera a trabajar aquí hace muchos años
-         ¿Me estás hablando de una reclamación que te hizo una paciente que operaste de mamas en Madrid?
-         Si, todavía pienso en eso
-         Pero han pasado mil años de aquello ¿no?
-         Oye, eh, pero esto que es ¿me estás llamando viejo?
-         ¿Tú que crees?
-         Yo creo que si
-         Pus yo también – se rió mientras se acercaba el vaso de whisky a los labios – o acaso ¿no me llevas un montón de años?
-         Si, eso es verdad, pero en fin, sigamos – esta vez fui yo el que se levantó y serví un poco más de whisky en los vasos – te puede parecer mentira pero es verdad, esa responsabilidad todavía la tengo encima como una losa y no me gustaría repetir esa experiencia
-         Bien – Jane contaba con los dedos y retiraba uno – esa posibilidad descartada, ¿Cuál era la segunda?
-         Dejar todo y dedicarme solo a la dirección de la Clínica.
-         Esa es la que te parece mejor.
-         No, yo no he dicho eso – respiré para continuar con tranquilidad con mis argumentos – yo he dicho que hasta ayer era la que me parecía la mejor y aun tengo mis dudas por varias cosas. La primera es que estoy muy bien considerado y el trabajo para mí no es nada estresante, estoy apoyado por la Dirección, fundamentalmente por tu padre, y eso me supone mucha tranquilidad y las quejas casi nunca son hacia la Clínica sino que en general son mas bien hacia el trato recibido por parte de alguna Enfermera o de algún Médico como la reclamación que te contaba antes, pero no demasiado importantes, seguiría viendo a mis hijas aunque fuera de vez en cuando y también es muy importante considerar que seguiría con un mas que buen sueldo.
-         ¿Inconvenientes? – preguntó Jane con una sonrisa expectante
-         Pues si quieres que te sea sincero no le veo ninguno – Apoyé los codos sobre mis rodillas y los puños en mi cara y así me quedé un rato pensativo. Sabía que Jane me miraba con curiosidad como sabiendo que todavía quedaba algo en la recámara de mi cerebro – y te digo que hasta ayer eso es lo que creía.
-         ¿Y ahora?
-         No se – me pasé la mano por mi pelo – me encantaría ser útil pero no estoy seguro. Irme a Etiopia, así como así, me parece una auténtica barbaridad, no tengo ni idea si lo aguantaría y eso si que me parece romper con todo, porque eso de irse tan lejos es una decisión para siempre y si no que te lo pregunten a ti.
-         Yo de momento estoy allí y si es verdad que me parece difícil que me vuelva pero nunca se sabe
-         Eso lo dices para animarme pero tu sabes de sobra que nunca vas a volver. Se sincera
-         Aunque no te lo creas es lo que siento. Por supuesto que ahora mismo estoy casi segura que no volveré, pero quien sabe lo que nos va a deparar el futuro.
-         Eso es lo malo – me moví inquieto en el sofá -  que no se sabe.
-         Pero lo que si que puedes hacer es probar unos meses y si no te haces a esa vida te vuelves y ya me encargaré yo que mi padre te vuelva a colocar.
-         Pero ¿tú crees de verdad que yo valgo para eso que me propones? – pregunté con verdadera angustia reflejada en mi rostro – eso es lo que me da miedo.
-         Mira, Andrés, no te conozco demasiado, pero estoy absolutamente segura que si haces la prueba te quedas porque el agradecimiento de la gente es tan grande que te va a llenar todas las dudas que puedas tener ahora.
-         ¿Tengo tiempo para seguir pensándolo?
-         Por supuesto – Jane se abrazó a mi – pero también me tienes que dar tiempo para que hable con mi padre y te recuerdo que me voy en cinco días


De pronto me di cuenta que estaba como flotando, ni siquiera sabía muy bien donde estaba, solo se que venía Jane hacia mi corriendo y abrazándose con una fuerza increíble me repetía una y mil veces que lo sabía, que sabía que iría y de hecho ya había avisado a mas de un paciente que en poco tiempo aparecería por allí un Cirujano que les iba a resolver muchos de sus problemas y  así había sido.

Antes de ese momento había hablado con el Sr. Chesterplace a quien, visiblemente emocionado, le pareció muy buena idea porque sabía que su hija iba a estar mucho mejor. Me miraba con una expresión como valorando muy bien lo que iba a decirme

-          Todavía me sigue pareciendo un milagro que siga habiendo gente como usted que se sacrifica por los demás dejando todo lo anterior. De verdad que me parece un milagro y sobre todo me parece muy bien pero solo me queda una pregunta ¿lo ha pensado usted bien?
-         Sinceramente creo que no – le sorprendí secándose una lágrima que parecía querer unirse a aquella declaración de intenciones – pero bueno he pensado que era lo mejor para este momento de mi vida y me alegra que usted, que tanto me ha ayudado, lo entienda. De corazón le digo que muchísimas gracias
-         Solamente me queda una última pregunta si me lo permite
-         Por supuesto
-         ¿En que medida a influido mi hija Jane en su decisión?

Tardé unos segundos en contestarle aunque era consciente que él sabía lo que le iba a contestar pero prefería oírlo de mis labios

-         Su influencia ha sido decisiva, si no fuera por ella, seguro que le estaría pidiendo que me ampliara el contrato como director de la Clínica por lo menos cinco años más.
-         Gracias, Dr. Cubiles – y nos fundimos en un abrazo sincero y eterno.

Esa noche me volvía a mi casa con la impresión que el Sr. Chesterplace se había dejado muchas preguntas en el tintero y que posiblemente no se había atrevido a hacerlas porque tenía miedo a mis respuestas. Seguro que había preferido no preguntar nada y esperar acontecimientos, al fin y al cabo era un político y sabe muy bien que, en muchas ocasiones, es el tiempo el que da y quita razones.
¿Estaba enamorado de su hija? Posiblemente lo podría estar, pensaba mientras volvía lentamente pisando las hojas de un jardín próximo. Desde luego lo que no podía evitar era ser consciente que me había llevado una buena alegría cuando la vi en Picadilly Circus. Reconozco que es una chica muy atractiva, de eso no tengo ninguna duda, pero de ahí a estar enamorado hay un trecho bastante largo que tendríamos que recorrer juntos, aunque era evidente que la proximidad física era un factor a tener en cuenta y si me iba a Etiopía otra cosa no pasaría pero estar juntos eso si que era seguro, al fin y al cabo, como me había recordado Jane, no tendría muchas mas cosas que hacer porque en medio de la selva no hay nada de nada y es posible que todavía sea menos que nada, pero mi decisión estaba tomada y no había vuelta atrás. Por una vez en mi vida, tenía claro lo que quería y estaba dispuesto a llevar ese proyecto adelante, es mas, también había decidido que en muy poco tiempo vendería todo lo que tenía, les daría una cantidad a mis hijas y el resto que era bastante lo destinaría a mejorar las instalaciones de la ONG pero eso será para mas adelante. De momento lo único que sabía Jane es que iría una temporada a probar si era capaz de soportar aquella vida tan diferente a la que había vivido hasta ahora
Llegué a casa, me senté en un sillón, me serví un whisky bien cargado y dejé volar mi imaginación.
¿Cómo sería un hospital en medio de la selva? ¿Qué medios tendría? Seguro que no muchos, pero para lo básico llevaría mi propio instrumental y tendría que ponerme en contacto con algún anestesista que me enseñara unos mínimos conocimientos para yo poderlos transmitir a la enfermera que tuviera mientras realizaba alguna intervención quirúrgica. ¿Cómo sería la gente que me iba a encontrar allí? Para Jane eran fantásticos, pero su opinión, aunque estaba seguro que era sincera, no me valía de mucho porque era bastante fanática de su labor y habría mas de uno y mas de dos que no estarían de acuerdo con mi trabajo, otra cosa es que tuvieran oportunidad de decir algo porque si subsistían a su costa estarían mejor callados. Por lo que le había entendido  solo colaboraban con ella un cura que no sabía ni de donde era y cuatro mujeres de esa aldea que hacían las veces de enfermeras, matronas, cocineras, limpiadoras etc y entre las tres ¿llevaban toda la misión? Mucho trabajo me parecía a mi pero eso si que lo vería sobre la marcha.
Pensando en todas y muchas mas preguntas que se me ocurrían en aquellos momentos de relax, vi en la televisión imágenes horribles de un atentado precisamente en una ciudad de Etiopía pero consultando en Internet me di cuenta que estaba en la otra punta de la nación africana y ahí si que había lío todos los días, pero mi zona parecía tranquila.

Mi mente volvió a las preguntas anteriores y esta vez algo mas centradas en mi capacidad para el ejercicio de la Medicina. Yo creo que se bastante buena, esa es la verdad, sobre todo de Cirugía porque con el Dr. Taylor había tenido que hacer alguna vez de Cirujano General y ya lo tenía casi olvidado pero durante su período de residencia en Madrid también había rotado cerca de un año por diferentes servicios quirúrgicos y por ese lado no tenía excesivos problemas y desde luego muy pocos como Cirujano Plástico, pero lo que me preocupaba eran las posibles enfermedades específicas de aquella zona. Como no tenía prisa decidí que durante unos meses estaría en el Servicio de Enfermedades Tropicales que existía en la Universidad de Londres y así iría mas preparado, pero ¿habría medicinas para tratarlas?
Terminé el whisky y todavía estuve un rato mirando al cielo desde mi amplia terraza hasta que el sueño me dominaba y entonces me fui a la cama y a los pocos minutos estaba como un tronco. Había sido un día muy intenso y todavía me quedaba para mañana una nueva entrevista con mi Jefe, el Dr. Taylor, y tenía que ir con las ideas bien claras y la cabeza despejada.

La entrevista con el Dr. Taylor resultó mucho mas fácil de lo que me había imaginado. Para empezar me recibió en su despacho antes de comer y casi inmediatamente al abrir la puerta ya me tranquilizó dándome la razón sobre lo que pensaba hacer. Había hablado con el Sr. Chesterplace y estaba al tanto de todo lo que estaba pensando y me felicitó por adoptar una postura tan solidaria

-         En el fondo creo que es lo que tenía que haber hecho yo – mi Jefe se quitó la bata mientras me preguntaba si quería comer con él en la cafetería de la Clínica
-         Por supuesto

Mientras bajábamos la escalera y tomábamos asiento al fondo del comedor, me iba contando que a él siempre le hubiera apetecido colaborar con una ONG y de hecho había ido en diferentes ocasiones con un grupo de Cirujanos a algún país de Sudamérica para ayudar en algo, pero siempre había sido durante períodos cortos y a las pocas semanas volvía a su casa, con sus cosas, su familia, sus amigos y su posición social que era bastante elevada. De siempre había admirado a aquellos que se quedaban y de hecho fue con motivo de alguna de esas visitas cuando decidió operar en una clínica de unos de los barrios mas deprimidos de Londres  y a pesar que a mí me parecía que era un mérito tremendo el Dr. Taylor me confesó que era lo menos que podía hacer por los demás, pero que siempre le había parecido como una contribución bastante escasa para la cantidad de problemas que había por el mundo, sabía que aportaba su granito de arena pero lo que de verdad ayudaba era hacer lo que había decidido hacer yo. Me felicitó por ello, me dijo que naturalmente tenía todo su apoyo, me insistió en que le comunicara cuando me iba a ir para contribuir con una cantidad de dinero asegurándome que así sabía que iba a ser correctamente invertida en lo que mas necesitasen y ahí terminó la comida.

-         Por mi – me sorprendió cuando lo comentó – no hay ningún problema. El Dr. Barney se ha ofrecido a terminar con mi consulta. Me da pena que Usted se vaya pero me da tanta envidia que me dan ganas de irme con Usted
-         Pues ya sabe – sonreí con una agradecimiento infinito hacia su persona  - dentro de un mes, mas o menos, supongo que saldré para allí. Si quiere le espero
-         No quiero ni pensar lo que pasaría si llego a casa y le digo a mi mujer que me voy a Africa con una ONG. La pobre lleva meses contando los días para irse conmigo y toda su familia a Filipinas.
-         No me extraña – íbamos por un pasillo hacia la puerta de la Clínica – la entiendo perfectamente porque mi decisión está claro que no ha sido fácil, pero la suya es todavía mas difícil
-         ¡Que va! – mi Jefe de tantos años me pasó la mano por el hombro – yo me voy con todo lo que tengo, espero que sin problemas, mientras que Usted, supongo que no le supone ninguna novedad que se lo diga, se mete en un buen jaleo
-         En fin, prefiero no pensarlo porque todavía estoy a tiempo de cambiar de opinión
-         No, hombre no – me dio un abrazo – ya verá como no es para tanto.
-         Gracias por su comprensión.
-         Animo y espero que nos veamos alguna otra vez
-         Seguro que si.
-         Adiós.
-         Adiós

Mi paso por el Servicio de Enfermedades Tropicales fue fugaz pero muy intenso. Por las mañanas asistía como oyente a las clases de la Facultad de Medicina y por las tardes las dedicaba a estudiar como en mis mejores años de preparación del examen Mir para entrar en un hospital recién terminada la carrera hacía ya bastantes años ¿Cuántos? Bastantes mas de los que me hubiera gustado, pero la vida pasa y tengo los que tengo. Afortunadamente el giro que había decidido dar había sido razonablemente pronto y aunque nunca se sabe, se supone que tendría unos años para ejercer en Etiopía y colaborar con mi trabajo para mejorar la calidad de vida de aquellos que lo necesitaban.

Por mi cabeza pasaba casi un único pensamiento y no era otro que darle vueltas todo el día de la mala suerte que tienen algunas personas por haber nacido en un sitio determinado. Por culpa o gracias a eso, nacías de un color diferente a los ciudadanos europeos, tus expectativas de vida eran mucho mas cortas, no tenías o tenías muy pocas posibilidades de estudiar para salir adelante, la asistencia sanitaria era mas bien escasa, las cabañas, aunque no las había visto, me las imaginaba y todo por nacer en una nación de Africa. Es injusto que para esto y para muchas más cosas no tengan capacidad de decidir. Nacen, malviven y mueren jóvenes y eso si eres del género masculino porque si encima naces mujer, es muy posible que a los muy pocos años, cuando aquí las niñas están en el colegio jugando con las muñecas, ellas tengan un marido y varios hijos. Me parece una auténtica injusticia a pesar que, según Jane, estoy completamente equivocado y ya tendré oportunidad de observarlo en directo  porque, según ella, son mucho mas felices de lo que podría parecer a primera vista.

También estuve practicando la anestesia con el Dr. Rashmar, que fue uno que tuvo mi Jefe durante bastante tiempo. Me pareció francamente fácil anestesiar a un paciente sano, pero mi amigo Willy, el anestesista, no se cansaba de repetirme que todo es muy fácil cuando se sabe y se practica pero que en la práctica diaria pueden aparecer miles de complicaciones que hay que estar preparado para resolverlas y sobre todo se necesita una medicación adecuada que él me podría proporcionar para una temporada, pero después me las tendría que agenciar yo solo. Su manera de ser y sus conocimientos me vinieron muy bien y estoy seguro que en un futuro me ayudarán y mucho para resolver complicaciones.   

Me puse en contacto con la ONG para que me proporcionara billetes y una vez allí que alguien me llevara hasta la aldea. Ya estaban avisados por Jane y en muy pocos días me facilitaron todo lo necesario para llegar hasta allí lo antes posible, aunque me avisaron que era muy posible que tuviera que esperar algunas horas en el aeropuerto porque allí las comunicaciones no eran ni mucho menos como las de aquí. También me indicaron que gracias a mi viaje tenían la posibilidad de enviar unas cuantas cajas de víveres y de medicación que les vendría muy bien. Por mi parte, había tenido la suerte que el Dr. Taylor me había donado, con la condición que no se lo diga a nadie, insistió, dos maletas con abundante instrumental quirúrgico y por su parte el Dr Rashmar, anestesista, me había conseguido del hospital donde él ejercía su labor, un aparato de anestesia bastante antiguo pero en buen uso y diversos tubos para poder dormir a los pacientes. Cuando en la ONG supieron de tantas donaciones no dudaron en poner a mi disposición un contenedor de mayor tamaño para que no hubiera ningún problema.

 Mi mayor sorpresa fue la llamada del Sr. Chesterplace comunicándome que enviaría unas maletas con ropa, sobre todo para su nieta y una mas que importante cantidad de dinero para contribuir a mejorar la calidad de vida de todas las personas que era producto de la petición a muchos de sus amigos de colaborar con esa actividad que iba a desarrollar en aquella lejana población etíope, al igual que me enviaba una carta personal para su hija. Se lo esconderé en el doble fondo de alguna de las maletas que le mando, me dijo por teléfono, porque ya sabe que por ahí adelante los bancos no funcionan, digamos que con excesiva honradez, por lo que prefiero que lo lleve usted en mano y así me aseguro que el dinero llega a buen puerto. Se lo agradecía emocionado y yo también metí en varias maletas absolutamente toda mi ropa, mejor estaba allí que en cualquier armario de mi casa , pensé. Solo me quedaban tres días para el viaje y tenía todavía que hablar con mis hijas, aunque les había comunicado mi decisión hacía ya unas semanas.

Hablar con Carmen era una una maravilla para mi. Tenía siempre las palabras justas y estaba realmente emocionada con mi viaje a Etiopía aunque reconocía que, por un lado sabía que seguro que iba a ser muy bueno para mí, pero por otro lado le daba un poco de pena porque era consciente que las posibilidades de verse iban a ser mucho mas complicadas y aunque yo le decía que no, sabía que tenía razón. Diferente era con Patricia, mi segunda hija, a la que me fue bastante complicado localizarla en Estados Unidos donde andaba por ahí sin asentarse en ningún lugar de manera definitiva y que lo primero que se le ocurrió decirme fue que adonde iba yo, que eso está bien para la gente joven, pero que yo ya no era ningún chaval y encima estaba acostumbrado a vivir como un marqués en Londres y que lo pensara bien porque en pocos meses estaría de vuelta. Parecía adivinar el futuro como si ella supiese como se vivía en esos sitios. Es verdad que yo tampoco lo sabía pero tenía el apoyo de Jane que para mí, estaba seguro, iba a ser fundamental sobre todo al principio.

Los últimos días fueron muy intensos. Las cenas de despedida, las felicitaciones por mi valentía y no se cuantas cosas más se iban sucediendo y tenía, afortunadamente, muy poco tiempo para pensar en el paso tan importante que iba a dar y el cambio tan radical que iba a suponer en mi vida. Pasé algún tiempo en el banco dejando claro que una parte de mi dinero era para mis hijas, por supuesto y el resto se me enviara cada uno o dos meses para disponer de él y dedicarlo a la compra de lo que fuese necesario. También dediqué parte de esas ultimas horas para encargar a un íntimo amigo mío que se hiciese cargo de mis propiedades inmobiliarias, tres pisos en Londres y la casa de la playa y las vendiera al mejor precio posible y creo que fue el último que en base a nuestra profunda amistad se permitía decirme que si lo había pensado bien y todas esas cosas que se dicen cuando el receptor de ellas, que era yo, no dejaba el más mínimo resquicio a la duda e incluso se hizo el mártir porque se quedaba sin su amigo de múltiples noches de salidas en busca de compañía.

Por fin, llegó el día 29 de Marzo de cualquier año y allí estaba yo en el aeropuerto esperando que llamaran para embarcar a los pasajeros con destino a Etiopía. Todos los trámites de aduanas, tarjeta de embarque y pasaporte… etc.. habían sido ya realizados y lo único que me faltaba era comprar algún libro para soportar las veinte o más horas que tenía por delante. Me acerqué a una de las tiendas, compré un libro sobre emigración que me pareció interesante, me tomé un café y dejé pasar los minutos dejando volar mi imaginación y enseguida mi cabeza se llenó de posibles situaciones que se iban a producir, seguro, en las próximas horas o días. El día era luminoso, como si el sol quisiera hacerse partícipe de mi ilusión, el ruido de los aviones despegando y aterrizando llenaba todos los rincones del aeropuerto y ahí estaba yo, con mi traje veraniego, mi sombrero, un pequeño maletín con los objetos íntimos y con la inmensa necesidad de disfrutar de la vida, algo de lo que, como diría Julio Iglesias, me olvidé durante demasiados años. Reconozco que iba contento, perdía quizás reconocimiento de mucha gente, amigos de muchos años, algún amor de fin de semana y sobre todo perdía muchísimo dinero, pero ¿para que quería ser el mas rico del cementerio? Y sobre todo ¿para que lo quería si donde había decidido irme no tendría donde gastarlo?

-         Pasajeros con destino Roma Adis Abeba. Embarquen por la puerta 32. Gracias.

Me levanté lentamente, miré hacia atrás como queriendo echar un último vistazo a lo que había sido mi vida hasta entonces, pensé que ahora si que había llegado el momento mas importante de toda mi ya larga existencia, suspiré profundamente mientras alguna lágrima pasaba por mi cerebro sin llegar en ningún caso a mis ojos, ¿volvería alguna vez a pisar aquel aeropuerto? ¿me adaptaría a lo que se le avecinaba? ¿sabría resolver como Médico, los montones de problemas que se me plantearían? Si todos fueran de Cirugía Plástica casi seguro que si, lo malo eran los relacionados con otras especialidades. En toda mi práctica había ayudado a bastantes partos e inmediatamente me vino a la cabeza el de Jane y lo había resuelto bien ¿no? entonces ¿porqué tenía miedo? ¿Infecciones? A saber lo que me encontraría y sobre todo ¿tendría medicamentos para tratarlas?
Todavía me acordaba de aquella frase de Jane en alguna de sus últimas conversaciones, aquello de que Dios aprieta pero no ahoga, es un problema de fe y yo ¿tengo fe?  Mas vale no pensarlo, mientras una voz que no tenia ni idea de donde procedía le recomendaba que se olvidara de todas sus dudas que iba a hacer feliz a mucha gente y eso era lo más importante. No te preocupes que como también me recordó Jane, Dios proveerá.





Así fue y así paso Capítulo 34


CAPITULO 34.-

Casi todos los días estaba unas horas en quirófano y el resto del tiempo lo pasaba resolviendo pequeños problemas de la Clínica. Comía en la cafetería y cerraba los ojos un rato, no mas de diez minutos, en mi amplio despacho. Daba orden a mi secretaria que no me pasaran ninguna llamada y en cuanto descansaba esos minutos retomaba la actividad diaria. Sin embargo ese día fue completamente distinto a los demás. Sobre la una de la tarde me llamó Jane, como habíamos quedado y me invitó a comer. Me quedaba una hora, mas o menos de cirugía, o sea que nos veríamos en el “My flower” a partir de las dos y media.

Le comenté al Dr. Taylor que posiblemente esa tarde no llegaría a la hora habitual a la consulta  porque había quedado con una amiga. No le dije que era Jane Chesterplace a la que él conocía de sobra, tampoco me pareció el momento, ya habría tiempo mas adelante y me contestó que no había problema porque sabía que no tenía muchos pacientes citados y lo resolvería él solo y que me lo pasara lo mejor posible. A través de la mascarilla me pareció que sonreía con picardía.

-          Como sois los españoles, luego os quejáis porque decimos que en cada uno de vosotros hay un don Juan. Acabas de dejar una novia y ya te estás buscando otra
-         ¡Que va! – en que estaría pensando mi jefe y amigo – si es una chiquilla que conozco hace bastante tiempo y puedo ser su padre
-         Ya, ya, pero te veo demasiado ilusionado
-         Es verdad – contesté mientras terminaba una sutura continua para cerrar una mama recién reconstruida – me la encontré ayer por casualidad y si que es verdad que me apetece charlar con ella
-         Anda, anda – el Dr. Taylor se quitó los guantes – vamos a vendar y te vas.
-         Muy bien, así me da tiempo a irme a mi casa un segundo y darme una ducha
-         Si, tú vete bien perfumado que nunca se sabe lo que puede pasar – me dijo mientras que me guiñaba un ojo con cierta complicidad

Llegué con cinco minutos de adelanto a mi cita. El My flower era un restaurante de lo mejorcito que había en Londres. Llevaba años abierto pero se mantenía como el primer día. Disponía de cuatro salones pequeños en los que se distribuían tres o cuatro mesas, no más. La decoración era la del típico palacete inglés con las paredes enteladas en un color crema que le daba a los salones un aire de calidez que pocas veces se encontraba, sobre todo en los restaurantes modernos, las sillas estaban tapizadas con una tela con dibujos de animales, el mantel era de un blanco inmaculado, un pequeño centro de mesa con flores del día, la vajilla azul con ribetes dorados y los cubiertos dispuestos a cada lado eran de plata al igual que los pequeños platos del pan y los bajo platos. Dos copas azules, una para agua y otras dos para vino blanco y tinto  junto con una copa de champán completaban la decoración de la mesa que invitaba a una buena comida. En las paredes, algunos aparadores con candelabros de plata y cuadros de muy diversos autores y diferentes colores al igual que los motivos, la mayoría de caza con los jinetes con sus chaquetas rojas y sus pantalones blancos casi tapados por sus botas negras y todos rodeados por perros que parecía dar mas realidad a lo que parecía que era el principio de una cacería, aunque había otros con motivos navales, sobre todo de antiguos galeones ingleses, y los menos de golf con los jugadores con sus pantalones bombachos, sus carritos con dos ruedas y las gorras típicas. Todo el conjunto estaba iluminado por diferentes lámparas que dotaban al salón de un ambiente de lo mas selecto.

Llegué a a la mesa que había reservado previamente acompañado por el dueño del restaurante, un antiguo militar que conservaba las maneras del imperio al que había conocido en la Clínica hacía ya algunos años y después de sentarme me ofreció un jerez que acepté mientras hacía tiempo a que llegara mi acompañante

-         Espero que disfrute de una buena comida mi querido Doctor y si me permite un consejo yo tomaría una perdiz con langosta que está deliciosa.
-         Muchas gracias por sus sugerencias, señor Burton.
-         Enseguida le traen su bebida y muy agradecido por su presencia en esta casa donde ya sabe que siempre es usted bienvenido.
-         Gracias.

Los diez minutos que pasaron hasta que llegó Jane me sirvieron para recordar muchos momentos que habíamos pasados juntos, a pesar que el final no fue lo mejor y no sabía muy bien porqué. Si que es cierto que, posiblemente yo fui un poco brusco, la verdad es que no me acuerdo, pero lo que si se seguro es que en aquellos momentos no quise tomar ninguna decisión que me pudiera perjudicar. Poco a poco, sin darme cuenta, me había vuelto una persona calculadora, posiblemente los años son los que te hacen volverte así y evitas las decisiones rápidas que te provocan los pocos años y ahora mismo tenía muchas cosas que valorar y la aparición de Jane venía a alterar de una manera muy clara todos mis posibles planes. Por otra parte, no había tenido oportunidad de valorar con nadie los diferentes caminos a los que podía optar y la presencia de Jane podía ser la oportunidad de abrirle a alguien mi corazón y hablarle con franqueza. Sabia, o por lo menos lo suponía, que ella me podría entender y era posible que hasta me diera, no digo que la solución, pero si alguna buena razón para decidirme.

Mis pensamientos iban y venían de un lugar a otro como si fueran olas rompiendo en alguna playa desierta cuando apareció Jane. Me levanté y nos dimos dos besos en la mejilla. Me pareció mucho mas atractiva que el día anterior, su sonrisa era una auténtica maravilla, los ojos se brillaban como si fueran dos faros, mientras que un pequeño mechón de pelo le caía sobre uno de ellos. Se lo apartó con un movimiento rápido, se sentó y enseguida preguntó de una manera como muy espontánea

-          ¿Qué tal, Andrés? – Me preguntó mientras partía un trozo de pan y se lo introducía en la boca - ¿sabes que tengo un hambre que me muero?
-         ¿Conocías este sitio? 
-         No
-         ¿Nunca te ha traído tu padre?
-         Yo creo que no o por lo menos no me acuerdo
-         Te lo pregunto porque yo se que viene de vez en cuando aunque yo nunca le vi aquí
-         Entonces ¿por qué sabes que viene?
-         Me lo contó el dueño que lo conozco desde una vez que lo traté de urgencia en la Clínica
-         ¿Y tu has venido muchas veces?
-         ¿Yo? – llamé al camarero para pedir algo de beber para mi acompañante – si que he venido varias veces y se come de miedo
-         ¿Venías con tu novia?
-         Una vez vine con ella si

El camarero depositó en la mesa una pequeña copa y le sirvió una copa de vino blanco dejando la carta sobre la mesa

-         Si me permiten – dejó la carta sobre la mesa – ahora vendrá el Sr. Burton y le indica las sugerencias para hoy
-         Muchas gracias
-         O sea que este sitio te trae muchos recuerdos – me preguntó mientras se acercaba la copa a sus labios
-         Algunos si – contesté – pero casi me gustaría hablar de otras cosas. Aquello pasó y ya está.
-         ¿No te apetece hablar de ella?
-         Sinceramente no
-         Bueno – acercó su copa para brindar – pues hablemos de otra cosa

El Señor Burton apareció con sus modales refinados, nos sirvió un poco más de vino en nuestras copas y

-          Perdone Doctor y ¿señorita?
-         Jane Chesterplace – contestó ella con una sonrisa cómplice
-         No me diga que es usted hija del Señor Chesterplace
-         Si, soy yo
-         Por Dios ¡que honor para esta casa disfrutar de la presencia de la hija de una de las personas mas importantes de este país!
-         Bueno, bueno – Jane se notaba que no estaba muy cómoda ante tanto piropo
-         Si me permiten – El Sr. Burton tomó la carta entre sus manos como si fuera un papiro antiguo – ya veo que tienen muy buen gusto por las bebidas que han solicitado y por eso me gustaría recomendarles algunos platos de nuestra carta.
-         Muy bien, usted dirá – le contesté
-         Primero les recomendaría probar nuestro magnífico pastel de mariscos, un poco para cada uno y a continuación nuestro plato estrella que son las perdices con langosta, hechas con una salsa de vino de Oporto, fresas de nuestros bosques y todo aderezado con unos pequeños trozos de langosta del mar del Norte que es una auténtica delicia – se quedó un segundo pensando – si me permiten casi de primero les daría unas verduras de nuestra propia huerta, hechas solamente con aceite español y vinagre porque el pastel de marisco y la langosta va a ser todo como un poco igual
-         Yo casi de primero prefiero un risotto de setas y luego la perdiz- pidió Jane
-         Y yo lo que nos ha aconsejado, unas verduritas y luego la perdiz
-         Perfecto y de bebida si les parece les puedo ofrecer un Vega Sicilia tinto que sería perfecto para combinar con la carne
-         ¿Te parece bien? – le pregunté a Jane
-         Bueno, yo no entiendo mucho de vino, pero seguro que estará muy bueno

El Sr. Burton se alejó con una sonrisa en los labios seguro de haber recomendado lo mejor para aquella pareja y así disfrutarían de una buena comida y de una velada agradable, sin darse cuenta que justo en ese mismo instante Jane comentaba

-          Que tío mas cursi ¿no?
-         Déjalo que es su papel
-         Ya - Jane soltó una carcajada y a mi también me entró la risa aunque le indiqué con un dedo que se riera mas bajo porque se iba a dar cuenta - ¿y este es amigo de mi padre?
-         Eso dice él
-         Bueno, si lo dice será verdad, pero no veo yo a mi padre aguantándole ese rollo cada vez que venga a comer
-         Déjalo y si te parece hablamos de ti
-         ¿Qué quieres saber? – preguntó mientras bebía un poco de vino
-         ¡Yo que se! Hace tiempo que no nos veíamos y supongo que en todo ese tiempo te habrán pasado muchas cosas. No se , te podría preguntar lo mismo que tú a mi ayer- hice una pausa para degustar el buen vino mientras la miraba con alegría - ¿te has casado?
-         No – una risa espontánea brotó de su boca - ¿tu crees que no tengo cosas mejor que hacer que casarme?
-         Yo que se, si hace por lo menos cuatro años que no nos vemos
-         Cinco para ser exactos – me contestó
-         ¿Los llevas contados?
-         Yo si ¿y tú?
-         La verdad es que no, pero bueno cada uno es como es.
-         Ya, ya – volvió a sonreir – menudo elemento estás hecho
-         ¿Yo?
-         Si tú que pareces una mosquita muerta y en cuento te dejo te vas ennoviando por todo Londres.
-         ¡Pero quien te ha contado semejantes barbaridades! – traté de ponerme serio - después de nuestra última conversación que fue el mismo día o al día siguiente que tuviera yo aquella movida con el Dr. Taylor me quedé mas solo que nadie, andaba deambulando por ahí y dejé de ir a los sitios que iba contigo porque me encontraba como fuera de lugar y me quedé en casa por lo menos seis meses. Poco a poco empecé a salir, por supuesto ya se había arreglado el tema con el Dr. Taylor mi actual jefe y después  estuve medio año sabático en Madrid, hasta que me llamó tu padre para que me hiciera cargo de la dirección de la Clínica y entonces fue cuando conocí a Cristina y así estuve unos años, pero desde entonces me he vuelto a refugiar en mi trabajo y en mi casa hasta que la casualidad hizo que me encontrara contigo en Picadilly que si no todo seguiría igual. Bueno igual no, porque estoy en un momento difícil y tengo que tomar una determinación en unos meses y estoy hecho un lío – tomé un poco de verdura y continué – pero eso lo dejamos para después ¿te parece?
-         Por mí encantada – Jane también comenzó con el primer plato continuando con un pequeño sorbo de vino – Que bueno está todo ¿verdad? No me extraña que mi padre venga a comer aquí de vez en cuando. Como te decía mi vida no ha cambiado mucho, excepto, como es natural, el hecho de educar a Sinoa que no es nada fácil y menos en un sitio como en el que estoy, pero lo llevo bastante bien.
-         Por lo que dices supongo que continuas en Etiopía ¿no?
-         Si claro, de ahí no hay quien me mueva
-         A pesar de tu padre
-         Ya lo va llevando mejor – se quedó seria mirando al mantel como si fuera una situación para ella difícil de explicar – tuve que ceder un poco, él otro poco y aquí estamos
-         ¿En que tuviste que ceder?
-         Sobre todo en prometerle que una vez al año me pasaría quince o veinte días en su casa porque según me dijo no tenía mucho tiempo para ver crecer a su nieta preferida, te recuerdo que solo tiene una y por eso ahora estoy aquí. Por lo demás, todo sigue igual. La misión da cada vez mas trabajo, pero afortunadamente vamos avanzando y ya son casi cien los niños a los que tratamos, les damos de comer, los vestimos, los educamos mas o menos en la religión católica, gracias a la ayuda del Padre Jesús, que es un misionero que nos mandaron hace un par de años, y estamos a punto de finalizar un pequeño hospital para tratar a todos aquellos que nos lo pidan
-         ¿Y todo eso quien lo paga?
-         En su día creamos una ONG en la que está muy involucrado mi padre y ahora ya tenemos una pequeña ayuda del gobierno de Etiopia. En fin, no es mucho, necesitaríamos mucho mas, pero vamos resolviendo los problemas con mas o menos fortuna, pero ya sabes aquello que para el que nada tiene, un poco es mucho y por lo menos los niños desayunan y comen y si quieren hasta se pueden quedar a dormir y ese es nuestro trabajo ¿qué te parece?
-          Me parece que es una maravilla que todavía existan en el mundo personas como tú
-         No me digas eso que me vas a poner colorada – escondió sus ojos tras el Vega Sicilia que casi llenaba su copa – no te creas que tiene tanto mérito una vez que tienes oportunidad de ver lo que hay por allí.
-         ¿Eres feliz?
-         Es complicado decir que si – se quedó pensativa – yo diría que si, aunque cuando estoy aquí siento que podría vivir mucho mejor con mi padre, le haría compañía hasta que Dios decida llevárselo que no creo que le falte mucho porque está bastante mayor y cosas por el estilo, pero cuando llego allí me doy cuenta que hago falta a mucha mas gente y entonces si que podría decir que soy feliz, si, seguro que si, sobre todo porque ahora si me quedase si que me parecería una vergüenza y después del tiempo pasado ya no podría quedarme – Jane se mantuvo con la copa rozando sus labios – mira, te voy a poner un ejemplo – movió lentamente la copa de vino - no tengo ni idea cuanto cuesta esta botella de vino pero no puedo dejar de pensar que con lo que pagues, doy por lo menos doscientas comidas a mis niños de la misión y me parece que no debería ser así, pero no puedo quitármelo de la cabeza.
-         Ya – sus razonamientos también me hicieron que yo me pusiera serio – te entiendo, pero ese quiere decir que cuando estás aquí no estás bien
-         No es exactamente así lo que me pasa – dejó encima de la mesa la copa y continuó degustando con calma la comida – reconozco que estoy hecha un lío, por un lado si, bueno no se, me tiene un poco preocupada mi hija porque si yo estuviera segura que va a pensar como yo entonces no tendría ningún problema, pero no se si le gustará mas esta vida y yo no soy quien para obligarla a vivir en una misión si ella quiere otra cosa, pero bueno, vamos a dejar este tema porque si no esta comida va a parecer un funeral.
-         ¿Cuánto tiempo vas a estar aquí? – pregunté cambiando de tema
-         Me voy el día veinte
-         O sea que te quedan – me paré un momento pensando – nueve días.
-         Si, ya tengo los billetes de vuelta para ese día.
-         Tenemos muchas horas todavía para hablar – me quedé mirándola mientras apuraba mi segunda copa – y necesito que me ayudes.
-         Yo estoy a tu disposición pero te recuerdo que has sido tú el que me has pedido que te hablara de mi primero
-         Es cierto, pero estoy en un momento de mi vida en que todavía puedo tomar una decisión u otra y según la que tome, mi vida cambiará absolutamente.
-         ¿Tan brusco puede ser el cambio? – me miró tratando de adivinar mis pensamientos – me parece que estás muy acostumbrado a vivir trabajando, a ganar dinero, a ser una persona conocida en tu profesión y ahora ¿que quieres hacer?
-         Tengo la posibilidad de dejarlo todo y emprender una vida absolutamente diferente.
-         ¿Así de fácil?
-         Para ti será fácil, pero para mí me parece que tomar esa decisión es como subir al Himalaya.
-         Perdona Andrés – acercó su mano a la mía – pero empieza desde el principio porque estoy completamente perdida.
-         Es un poco largo
-         No importa, has dicho que tenemos nueve días ¿no?
-         Si, eso he dicho y no se si serán suficientes. Lo primero que tienes que saber y por favor no se lo digas a nadie y mucho menos a tu padre es que el Dr. Taylor tiene pensado dejar todo en un mes mas o menos e irse a Filipinas con su mujer
-         Me dejas de piedra – Jane tenía la sorpresa en su cara – el Cirujano Plástico mas conocido de Londres y posiblemente del Reino Unido, se larga y deja todo así porque si
-         Parece raro pero es la verdad. El otro día me comentó que estaba harto, que no podía aguantar mas esa vida y que no tenía el mayor interés en ser el mas rico del cementerio y que se iba a ir con su mujer a un lugar donde no lo conociera nadie y disfrutar de sus hijos y de sus nietos
-         ¿Ya tiene nietos? No me parecía que fuera tan mayor
-         No tengo ni idea cuantos años tiene, pero si que se, porque me lo dijo el otro día, que tiene cuatro nietos.
-         Ya – Jane no se perdía ni un solo movimiento de mis ojos – y por eso fue por lo que me dijiste el otro día que te podías quedar con su consulta ¿no?
-         No recuerdo habértelo dicho, pero si, me lo ha propuesto y no se que hacer
-         Es un tema muy complicado – me apretó con fuerza la mano – y no creo que exista nadie en el mundo que te pueda aconsejar. Eres tú y solo tú el que tienes que decidir porque no tienes otra posibilidad.
-         Tampoco hay que exagerar. Puedo seguir siendo Director de la Clínica y dejar la cirugía.
-         ¿Y que vas a hacer todas las mañanas? ¿pasearte por Londres? No te veo yo así, pero nunca se sabe, lo mismo te buscas otra novia y a disfrutar que la vida pasa muy deprisa.
-         Es otra posibilidad pero me parece que ya estoy para pocos amoríos
-         ¿Te ves viejo? – me preguntó con una sonrisa burlona
-         Es posible que no te lo creas pero si, si que me veo viejo – apuré el vino – mas que viejo, que tampoco es para tanto, estoy cansado de llevar una vida vacía, llena de trabajo, de cenas, de homenajes, de gente adulándote alrededor, pero al final vuelves a casa todas las noches y me pregunto ¿ha valido la pena?
-         Hombre, Andrés, te veo muy bajo de forma, eso no puede ser, Tú eras un tipo alegre, muy vitalista, con ganas de comerte el mundo y ahora después de no se cuantos años te planteas si lo que haces merece la pena, pues claro que merece la pena ¿o es que tú crees que a un paciente que lo curas no te estará eternamente agradecido?  
-         Querida Jane, el tema no va por ahí porque en mi caso los agradecimientos se los lleva mi Jefe. En todo caso si que sería valorable mi labor en la Clínica y para piropos ya tengo a tu padre que no hace nada mas que felicitarme por lo bien que lo estoy haciendo cada vez que me ve, pero no es eso – casi sin darme cuenta unas lágrimas humedecieron mis ojos – no es eso

Jane me miró sorprendida, parecía como no saber que hacer ni que decir, se limitó a apoyar sus manos en las mías y mirarme a los ojos

-          Tú lo que tienes es una depre como una montaña de grande ¿te has planteado la posibilidad de visitar a algún psiquiatra?
-         Hasta ahora no, pero si sigo así no me va a quedar mas remedio
-         ¿Te apetece dar un paseo?
-         Muy bien, pago y nos vamos.

Estuvimos paseando por las calles céntricas de Londres, ella me llevaba del brazo y solo con ese gesto parecía como saber la fórmula para intentar ayudarme. Se puede decir que no hablamos ni tres palabras en todo el tiempo, la fina lluvia nos acompañaba y así llegamos a una pequeña plaza detrás del Parlamento, nos sentamos en un banco y me quedé mirando al infinito.

-         Te diré que se me ha olvidado decirte la tercera opción.
-         ¿Cuál es? – se apretó contra mí poniendo la cabeza en mi hombro
-         Dejar absolutamente todo y volverme a España, buscarme una casa en algún lugar del sur donde el sol sea lo más importante y dedicarme a leer, a escribir, a escuchar música y poco mas.
-         No te veo yo sin hacer nada, pero está claro que es otra opción.
-         ¡Yo que se! – me quedé como ensimismado mirando el suelo - en el fondo me parece que no se lo que quiero
-         Eso también me parece a mí, pero lo mismo si te lo digo te parece mal.

Estaba anocheciendo, las farolas comenzaban a iluminarse automáticamente, las hojas de los árboles alegres por la llegada de la primavera se mecían lentamente. El Parlamento se iluminó como queriendo ser testigo de nuestra conversación y un barco lleno de turistas haciendo fotos sin cesar, pasó rápido por el Támesis para llegar pronto a su destino.

Jane se soltó de mi brazo, se puso en pie y ejecutó unos pequeños pases de baile con su paraguas abierto mientras yo la miraba asombrado sentado en el banco. Poco a poco, muy lentamente, como si fuera una parte de una obra de teatro, se acercó y poniendo su boca muy cerca de la mía y con una sonrisa que iluminaba más que todas las farolas del universo me soltó, así como quien no quiere la cosa 
-         Tienes otra posibilidad y que yo te la propongo para que esta noche la pienses junto con tu almohada. No quiero que me contestes ahora ni mucho menos, quiero que la pienses, mañana me dejas que sea yo la que te convide a comer donde yo quiera y me comunicas tú decisión ¿de acuerdo?
-         Dime – no tenía ni idea por donde iba a salir y estaba realmente en ascuas – te prometo que la pienso
-         Mi propuesta es que te vengas conmigo a Etiopía. Eres Médico y harías una gran labor en la misión porque allí la que mas sabe soy yo, o sea, que no tendrías mucha competencia

Mi cara debió de hacer una mueca de lo mas extraña porque Jane se separó y volvió a repetir los pasos de baile, esta vez como mas despacio

-         Eso es lo último que se me hubiera ocurrido pensar – todavía seguía con la misma cara de incredulidad
-         Ya me he dado cuenta – volvió muy despacio con una enorme sonrisa – pero no hago mas que resolverte una duda ¿no decías que a lo mejor todo lo que habías hecho hasta ahora no merecía la pena? Pues ya tienes la oportunidad de demostrarte a ti mismo que vales para mucho mas de lo que crees. No tendrás dinero, no podrás ir a ningún bar, no te podrás vestir bien porque harías el ridículo, no tendrás ninguna comodidad, en fin no tendrás nada de lo que disfrutas aquí, pero si que tendrás alegría de vivir, te darás cuenta que lo hagas te lo pagarán con una mirada de agradecimiento, podrás ver como se puede ser feliz sin tener nada de nada, podrás ayudarme a educar a Sinoa y lo mejor es que en ningún momento te sentirás solo porque toda la misión estaremos siempre contigo y que conste que somos muchos
-         De verdad que estoy alucinando – no podía de ninguna manera disimular mi sorpresa, podría haber pensado cualquier solución menos esa – como te he dicho lo pensaré y mañana hablamos. Prefiero no decir nada mas.

La noche se me hizo interminable, intenté dormir, imposible, me levanté y me tomé un whisky doble, nada, estuve sentado mirando las estrellas en la terraza, me volví a meter en la cama, me hice un te, nada, me tomé unas galletas, me volví a tumbar esta vez en el sofá, me tapé con una manta y mi cabeza giraba y giraba como si fuera una noria. Iba de un lado para otro como un barco a la deriva. ¿Era una solución irme a Etiopia y olvidarme de toda mi vida anterior? ¿no sería mejor quedarme como Director de la Clínica aunque dejara la cirugía? ¿y si me quedaba solo con la cirugía y dejaba de ir a la Clínica ¿qué pasaría? Por lo  menos lo que me aseguraba era tiempo libre eso seguro, pero ¿sería la solución? Si me fuera a la costa del sol, podría ver a mis hijas con mas frecuencia que ahora y ¿ellas querrían verme a mi? Si me fuera a Etiopía  como me insinuaba Jane ¿no sería romper con todo demasiado bruscamente?. ¿Me estaría enamorando de Jane? ¿pero como me voy a enamorar si casi no la conozco de nada y encima la llevo por lo menos veinticinco años? Y encima tiene a Sinoa que me cae muy bien pero no soy su padre ¿podría suplirle? Posiblemente si que sería capaz de vivir con Jane, al fin y al cabo es una chica con una educación exquisita, pero no me puedo olvidar que le llevo veintitantos años y además ¿porqué me tengo que enamorar? Puedo ser un colaborador como otro cualquiera sin necesidad de meterme en líos, ayudarla a educar a Sinoa, si ¿por qué no? aunque tengo la impresión que tengo una idea bastante diferente de la forma de educar a una niña y eso puede ser motivo de discusión. En fin, voy a intentar cerrar los ojos y espero dormir un rato y ahora que lo pienso ¿porqué creo que Jane está enamorada de mi? Yo creo que si, pero lo mismo me quiere como Médico, incluso como amigo, pero nada más. Tengo que dormir que si no mañana no voy a poder razonar.

No se cuantas horas dormiría, seguro que pocas y como todos los días a las ocho de la mañana estaba entrando por la puerta de la Clínica. Mi secretaria me esperaba con una serie de papeles para firmar, tomé un café y a las nueve menos cuarto tuve la habitual reunión con los Médicos de Guardia. Aunque trataba de atender a lo ocurrido la tarde y la noche anterior, reconozco que mi cabeza estaba en otro sitio. No solo tenía que decidir lo que hacía si no que también tendría que hablar con el Señor Chesterplace para explicarle la situación y por supuesto con el Dr. Taylor porque me habían ayudado en los últimos años y no quería en ningún caso quedar mal. Y tendría que darles un tiempo para que se organizaran sin mi, pero ¿cómo iba a hablar nada si todavía no tenía claro lo que iba a hacer?

Tuve una larga reunión con la Jefa de Enfermeras, tenía problemas con algunos turnos y no había mas remedio que contratar a alguien porque la gente no estaba por la labor de doblar y era un asunto a resolver ya porque por lo menos en una semana se quedaría con algún turno al descubierto. Desde siempre, siguiendo indicaciones de la Dirección de la Clínica, yo era el muro de contención para evitar la contratación de nuevo personal, pero también es justo reconocer que cuando yo decidía que no había mas remedio, la Dirección aceptaba cualquier solución que yo les aportaba. Firmé los papeles necesarios para que la Jefa contratara dos nuevas enfermeras para el turno de noche. A continuación vino al despacho la Gobernanta con las mismas pretensiones y ahí me cerré en banda porque el cocinero podía trabajar algunas horas más y lo único proponerle una subida del sueldo que seguro que aceptaría y tratar de buscar a alguien de dentro de la plantilla que le ayudara sobre todo en el tema de las compras.

A última hora de la mañana tenía que recibir a la mujer del Consejero de una editorial muy conocida y cliente habitual de la Clínica porque según me explicó la secretaria quería exponer sus quejas porque el Médico de Guardia no le había querido recetar una medicación sin explorarla previamente. Estuve amable con ella y creo que salió medio convencida que la actuación del facultativo había sido la correcta pero que, en cualquier caso, hablaría con él para que en lo sucesivo la tratase como ella se merecía y se fue contenta. Durante toda la conversación, yo ponía cara de estar muy interesado en el caso pero mi pensamiento estaba en la llamada de Jane para comer, como había quedado con ella el día anterior y efectivamente cuando ya empezaba a perder la esperanza, mi secretaria me pasó un papel en el que decía que me esperaban para comer en un bar justo enfrente de la Torre de Londres. Me venía muy bien porque estaba relativamente cerca y podía ir andando.

Tardé una media hora, la primavera ya había llegado a la ciudad, el sol iluminaba como pocos días al año y aunque yo avanzaba pensando en mis cosas, sabía que el buen tiempo alegra el alma y me venía muy bien para la comida que me esperaba y así, casi sin darme cuenta llegué a una especie de pub “el Paradise” al que no había tenido oportunidad nunca de entrar y mi sorpresa fue mayúscula al encontrarme en un pequeño restaurante, no tendría mas de cinco mesas, completamente blanco, con los camareros con largos mandiles, también blancos y las paredes decoradas con las tapas de madera de las botellas de vino. Sentada en una de las mesas de un lateral estaba Jane con una cerveza y unas patatas fritas. Se levantó, nos dimos un beso y nos sentamos a continuación uno enfrente de otro.
-          ¿Te gusta este sitio?
-         No está mal, aunque un poco como desangelado
-         ¡Que va! – ella seguía con su eterna sonrisa – se come muy bien, eso si, solamente tiene dos primeros y dos segundos pero seguro que te encanta. El cocinero es amigo mío desde hace muchos años y siempre que vengo me trata de maravilla y encima a precios de menú del día ¿te parece?
-         Me parece muy bien – llamé al camarero y le pedí otra cerveza
-         Bueno ¿qué tal? ¿has dormido bien?